Habiendo extraído todo el jugo que se puede sacar a una ciudad en un día, abandonamos Catania para volver a Palermo, que fue donde comenzó nuestra epopeya siciliana. La ruta más sencilla y aburrida para hacer este trayecto es tomar una autovía que va por el centro de la isla y ver cómo pasan los kilómetros sin más. Como para vida sencilla y aburrida ya tenemos la del funcionario, nos decantamos por la segunda opción, que bordeaba la isla por la costa y permitía visitar lugares muy interesantes.
Siendo Taormina uno de los lugares más visitados de Sicilia, no hubo mucha discusión a la hora de hacer una parada para visitarla. Además de esa poderosa razón, la localidad contaba con el aliciente de haber sido salida del Giro de Italia 89, en una etapa que, en ruta contraria a la nuestra, salió de Taormina para acabar en Catania.
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| Isola Bella e bello ragazzo |
Una carretera estrecha, congestionada y muy sinusa nos dio acceso a la ciudad. Con ese recibimiento, no es de extrañar que, en cuanto vimos un aparcamiento, dejásemos el coche para nuestro alivio (especialmente el mío). Taormina ha sido un centro turístico de alto nivel desde el siglo XIX. Razones no le faltan. Aparte de unas calles sobradas de encanto, su enclave privilegiado le hace tener unas vistas de enjundia sobre el mar Jónico. Por si eso fuera poco, también cuenta con un muy bien conservado teatro griego y la "Isola Bella", un pequeño islote muy cera de la costa, que se convierte en península con la marea baja. Con tantos alicientes, se preguntarán ustedes por qué no elegimos esta maravilla para pernoctar y pasar más tiempo en ella. Poderoso caballero es Don Dinero, pues mucho hace falta para alojarse en la villa. La clavada que nos perpetraron por el parking es solo una muestra de ello. Por suerte, y hasta nueva orden, pasear por Taormina no está gravado, y a eso nos limitamos, para solaz de nuestros sentidos y alivio de nuestros bolsillos.
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| Carissima Taormina |
El resto de nuestra ruta no estuvo exento de puntos de interés. Como, por ejemplo, el paso cerca de Messina, que nos permitió ver el estrecho homónimo, y vislumbrar en el horizonte la Italia continental, en lo que gráficamente se conoce como "la punta de la bota".
También pasamos junto a la ciudad de Barcellona, lugar que, de haber ido en solitario, habría parado a visitar sin ninguna garantía de que hubiese valido la pena el tiempo empleado en el desvío.
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| Catedral de Cefalú |
Menos dudas ofrecía Cefalú, donde hicimos nuestra segunda visita del día. Se trata de una pequeña localidad costera en la zona norte de la isla. Es un lugar algo menos aristocrático y más popular que Taormina, aunque en ambos casos, las turistadas están muy presentes. Destaca una catedral de estilo normando y un barrio de pescadores, aunque me temo que ya no queden muchos de esos por estos lares. Como curiosidad, es de reseñar que en la ciudad se rodaron escenas de esa auténtica maravilla cinematográfica llamada "Cinema Paradiso".
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| Estampas cefalucenses |
Ahora sí que ya estaba todo el pescado vendido, y tocaba poner rumbo directo a Palermo. Como si la isla se sumara a nuestra tristeza por nuestra próxima partida, a modo de lágrimas empezaron a caer gotas sobre nuestro automóvil. Lo que empezó como un ligero chubasco, se tornó en una pertinaz lluvia que nos recibió a nuestra llegada a Palermo. No hay mal que por bien no venga. Estos torrentes de agua estaban dejando nuestro Cinquecento como un pincel, lo cual nos evitaba algún problema a la hora de devolverlo en la oficina. Lo que no evitamos, muy a mi pesar, fue la clavada que nos perpetraron al parar a llenar el depósito de combustible. Por lo visto, hay ciertas gasolineras que te cobran si el repostaje lo lleva a cabo un empleado. Y no se trata de una "propinilla". Nada menos que 40 céntimos por litro. En cuanto me di cuenta del robo, le dije al caradura de turno que parara, pero se hizo el sueco (en este caso italiano) y acabó de perpetrar su fechoría.
Más plácido fue el trámite de devolver el vehículo en la oficina. Lo depositamos limpio como una patena y lleno de gasolina premium. Con esos detalles, no es de extrañar que no nos pusieran ninguna pega. En cuestión de minutos ya estábamos en la calle, dispuestos a usar nuestras piernas como único medio de transporte. A pesar del estrés al que me había sometido su conducción, me quedó una excelente impresión del coche. Si algún día me actualizo en materia automovilística, el Fiat 500 será un buen candidato.
| ¡Buen trabajo! |
No creo que sea pecar de soberbia afirmar que, si en algo tengo experiencia, es en reservar alojamientos de viaje. Otras virtudes adornan a mis compañeros, más no esta. Y la primera consecuencia de ello, fue que al llegar a nuestra acomodación palermitana y llamar al timbre, recibimos el silencio como única respuesta. Por lo visto, había habido un malentendido y el dueño nos esperaba un par de horas más tarde. Fuimos a tomar un helado por las proximidades y volvimos a la hora convenida. Como ya había sucedido en la mayoría de ocasiones, la habitación triple consistía en una cama doble y una individual. Yo ya estaba cansado de luchar, y ni falta que me hacía. No puse ninguna pega y acepté compartir la doble con un compañero.
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| Juntos, pero no revueltos |
Con un lugar donde dormir asegurado, y liberados de la carga del coche, salimos a dar la vuelta de despedida por Palermo. Quise que esa despedida fuera a lo grande, por lo que reservé un "Too good to go" en un establecimiento del centro. Se trataba de una pizzería un con opciones un tanto alternativas que cumplieron con creces nuestras expectativas. Como postre nos tomamos una granita en la calle principal y volvimos a nuestro alojamiento a pernoctar. Quise posponer al máximo el trance de compartir lecho con un congénere y decidí darme un voltio extra por la ciudad en solitario. Tras una semana en la isla, y más teniendo en cuenta los lazos históricos que unen España y Sicilia, ya me sentía como en casa. A pesar de ser un día entre semana, había mucha gente por la calle, y no faltaban los grupos de jóvenes en actitud festiva. Palermo es una ciudad rebosante de vida en cualquier momento del día o de la semana.
El viaje tocaba a su fin. Así como los diversos acontecimientos históricos han dejado su huella en Palermo para formar una lasagna, este viaje ha hecho lo propio conmigo. Y dentro de todas las capas que conforman mi experiencia vital, la siciliana está entre las más sabrosas.






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