lunes, 16 de abril de 2012

Rigidez comercial

El sábado pasado, en uno de mis maratonianos paseos por el Gran Londres, acabé en el barrio de Crystal Palace. La zona está situada en una colina y cuenta con un parque muy agradable con unas vistas magníficas. En la calle principal me llamó la atención un cartel en un establecimiento de comida rápida ofertando hamburguesas de cordero a una libra. Tenía curiosidad por probarla y más a tan razonable precio. Al pedirla, el propietario me dijo que el cartel del exterior no estaba vigente y no podía pedirme la hamburguesa sola. Me indicó un cartel en el interior que ofrecía dicha hamburguesa con patatas y bebida por dos libras. Oferta más que tentadora. Le pregunté qué bebida incluía el "pack" y me enumeró 4 ó 5 variantes de Coca-Cola. Le comenté que no quería Coca-Cola y le pregunté si podía pedir otra bebida (unas latas de "Mirinda" en el frigorífico estaban diciendo "bébeme"). Su respuesta fue tajante: "Try next door" o lo que es lo mismo, "prueba en otro sitio".Entre el clásico comercial agresivo que le vende un peine a un calvo y éste le acaba comprando media docena, sólo para que le deje respirar, y el dueño de esta hamburguesería, tiene que haber un término medio...

lunes, 26 de marzo de 2012

Media Maratón Selsdon



Los últimos meses he descuidado un tanto mi faceta atlética. No pudiendo aguantar por más tiempo dicha carencia, la semana pasada salí a trotar por las proximidades de mi casa. A pesar de la falta de rodaje, las sensaciones no fueron malas. Así que nada más llegar a casa busqué alguna carrera para el fin de semana. Lo único que había el sábado con posibilidades de llegar en transporte público era una media maratón en Croydon, barrio situado al sur de Londres.
 La prueba estaba organizada por la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días (los mormones para los amigos). En la página web de la prueba se explicaba que, dado que el domingo es un día sagrado para ellos, organizan sus pruebas en sábado. Por una vez una de las reglas religiosas, que normalmente me parecen absurdas, me favorecía.
  Croydon no está precisamente cerca, así que el sábado tocó madrugar de lo lindo. El día empezó con la caminata de rigor hasta Heathrow donde cogí el metro hasta Wimbledon. Allí cogí un tranvía que me iba a dejar cerca del lugar de comienzo de la prueba. Pero no iba a ser tan fácil como parece. En el tranvía pasó el revisor y al comprobar mi tarjeta "Oyster" me hizo bajar en la siguiente estación. Antes de coger el tranvía hay que pasar la tarjeta por una máquina verde. Yo había pasado mi tarjeta en la estación por una máquina, pero no recordaba el color. Dado que en Wimbledon convergen lineas de metro, tren y tranvía, es fácil que me hubiera columpiado. Ante mis explicaciones y mi cara de buena persona, que lo que me quita de morbo respecto al sexo contrario me lo da en confianza de la gente hacia mí, accedió a que pasara la tarjeta por la máquina de esa estación, librándome así de la multa.
  Tras este pequeño sobresalto, cogí el siguiente tranvía que me dejó en mi destino.
  De allí ya solo tuve que caminar unos 20 minutos para llegar a la parroquia desde donde partía la prueba. Me había inscrito "on-line", pero no había pagado las 15 libras de inscripción, ya que había que enviar un cheque o hacer un ingreso bancario. Se podía pagar el mismo día con un recargo de 5 libras que iban a ir destinadas a caridad. La amable señora de la organización sólo me cobró las 15, por lo que en este caso apliqué el conocido refrán "la caridad bien entendida empieza por uno mismo". Y yo la entiendo muy bien.
  Me cambié en una habitación donde ponía "changing room". Estaba tan centrado en la traducción del mensaje, que no me di cuenta del monigote con formas femeninas plantado en el centro de la puerta. Eso explica que mientras me estaba cambiando abriesen la puerta dos féminas, que, haciendo gala de la tradicional cortesía británica, no me dijeron nada. Tras todas estas peripecias, venía la parte fácil:correr la media maratón. Después de muchos meses sin apenas entrenar, no esperaba gran cosa de mi rendimiento. Me puse el objetivo psicológico de la hora 45 minutos y empezé tranquilo.
 Nada más empezar, un voluntario nos animó diciendo:"enjoy every minute"(Disfrutad cada minuto). Bonita filosofía que intenté llevar a la práctica. Sin ninguna presión ni nada que demostrar, me limité a disfrutar del inmenso placer que es correr. Y lo es más si se hace por territorios inexplorados como era el caso.
 Nada más pasar la primera milla, una subida de enjundia confirmó que la página web de la prueba no mentía cuando prometía un recorrido "con colinas y ondulado". El recorrido era de lo más variado. Tan pronto nos internábamos en un bosque como recorríamos insulsas zonas residenciales.
 La organización no contaba con muchos medios, aparte de la ilusión de los voluntarios. Por ello había momentos en los que había que buscarse la vida para cruzar la calzada cuando la ruta hacía un giro. Si a eso le sumamos que la participación no era mayoritaria (menos de 200 atletas) y había momentos en los que me encontraba sólo, el resultado es que a ratos parecía un dominguero corriendo por la calle más que un participante de una media maratón.
 Mi objetivo de frisar los 5 minutos por kilómetro se iba cumpliendo. Pero a partir de la mitad de la prueba, mi falta de fondo me empezó a pasar factura y las piernas no rodaban con la misma alegría. A pesar de todo, pude con la "trampa" que nos puso la organización casi al final en forma de una subida de medio kilómetro que no se acababa nunca.Superado este último escollo pude llegar a la meta coreado por la pequeña pero animosa parroquia allí congregada.
  Mi tiempo de 1h 48' no es una marca para tirar cohetes, pero es aceptable si tenemos en cuenta mi falta de rodaje, las dos o tres horas que había dormido y lo duro del recorrido. Eso sí, había contado con la ayuda divina (en este caso mormona).
 La bolsa del corredor fue bastante correcta, con un plátano, una chocolatina, una camiseta de algodón y, ¡como no! la inevitable medalla. Me quedé un rato en la zona de meta, esperando algún tipo de ceremonia. Pero dado que no paraban de llegar corredores que se lo tomaban con calma (el último hizo más de 3 horas) me fui a recorrer Croydon.
  Hacía un día espléndido y había que aprovecharlo al máximo. A pesar de mi humilde marca, estaba contento. El palizón antes y durante la carrera había valido la pena. La primavera me ha devuelto la motivación que necesitaba para volver a correr. Ya no hay quien me pare.

domingo, 11 de marzo de 2012

Vota a Gundisalvo


En mi última vista a España pude agenciarme una auténtica joya en forma de película que aúna dos de mis grandes pasiones:la política y el cine español de los 70.
Nuestra incipiente democracia celebra elecciones generales. Dentro del partido "Concordia Democrática del Estado Español" , un contructor llamado Gundisalvo se presenta como candidato a senador. La película narra la peculiar campaña que el aspirante al Senado, interpretado por Antonio Ferrandis,realizará ayudado por un peculiar "staff" dirigido por un agresivo publicista experto en anuncios de detergentes. Con estos mimbres, y si además tenemos en cuenta que el humorista Antonio Mingote (que hace un cameo en la película y fue el creador del personaje Gundisalvo) participa en el guión, no es de extrañar que la película sea tremendamente divertida. Pero más allá de las situaciones cómicas, es una sátira mordaz sobre los políticos que buscan el voto a toda costa. El partido "Concordia Democrática del Estado Español" se denomina como "de amplio espectro". Lo que le llevará a defender una cosa o su contraria según el público al que vaya dirigido el discurso.Así, de una forma sutil se critica la demagogia de la izquierda y la doble moral de la derecha (aunque un primo mío me dijo una vez:"De doble moral nada, el que puede meter, mete").
La película está dirigida por el prolífico y denostado Pedro Lazaga, cuyo mérito artístico es inversamente proporcional a su prestigio como cineasta. Y es que muchas veces a los críticos se les olvida que las películas no están hechas para ellos, sino para los espectadores.
Gundisalvo está magistralmente interpretado por el genial Antonio Ferrandis, al que tanto le da hacer de emigrante a Alemania, cura de pueblo, marinero retirado, cacique o aspirante a senador. Lo borda siempre. De hecho, si ahora fueran las elecciones, buscaría la papeleta de "Concordia Democrática" para votarles. Al final harían lo mismo que todos, pero como decía Gila..¿y lo que nos hemos reído?...

sábado, 11 de febrero de 2012

Yogur cosmopolita


He aquí un claro ejemplo de la globalización: Un sujeto español (servidor), viviendo en Inglaterra, va a comprar a una tienda de proximidad regentada por indios. Allí compra un yogur estilo turco, de una empresa polaca, pero producido en Alemania. A pesar de todas las vueltas que ha dado y de lo que digan los anti-globalización, el yogur estaba buenísimo.

domingo, 22 de enero de 2012

Bienvenida, Phuta.

El puesto de ayudante de mánager del departamento técnico de mi empresa, quedó vacante hace unas semanas, ya que Cara Anderson encontró otro trabajo y se marchó. Su lugar lo ha ocupado Kiran Phuta. Aunque se está adaptando a las nuevas tareas, confiamos en que dentro de poco la señorita Phuta sea tan buena como Cara.

sábado, 14 de enero de 2012

Mi contribución al humor universal

Siempre me he preguntado de dónde vienen los chistes que cuenta la gente. Quién se los habrá inventado y cómo se han logrado conocer. Aprovechando la extraordinaria difusión de mi blog, que ha logrado introducirse en mercados tan selectos y maduros como el español y el británico, voy a contar un chiste de cosecha propia. Quién sabe si dentro de un tiempo se habrá extendido y se lo escucho contar a algún desconocido.
Ahí va:
"Había una mujer con una obesidad mórbida tan acusada, que en el día de su boda, su marido fue acusado de poligamia"

domingo, 8 de enero de 2012

Nochevieja a la española



Hay maldiciones que suceden y se aceptan como algo inevitable. Una es que en cada puente o periodo vacacional va a haber un número considerable de muertos en carretera. Otro es que en fechas concretas, inevitablemente, nos meterán una clavada de las buenas si comemos o cenamos fuera de casa. Y nos decimos a nosotros mismos.."un día es un día", y hasta la siguiente...
El plan para esta Nochevieja era ir a cenar con unos amigos en un restaurante español en Windsor. La cena iba a estar amenizada por una orquestilla. No sonaba mal plan.
La alineación la componían una informática de Barcelona (a la que se le ocurrió la idea), una amiga suya brasileña, que, desmintiendo el tópico, era todo seriedad, y una pareja polaco-canaria. Curiosa combinación, que sin embargo, funciona. La cena consistía en una selección de tapas (calamares, chorizo, tortilla de patata, champiñones, paella...) muy sabrosos y bien hechos. La verdad es que por estos lares no disfruto habitualmente de dichos manjares. No porque no se pueda comprar la materia prima y cocinarlos,sino porque no vienen precocinados, que es lo que a mí me cubica.
A pesar de que el número de tapas era considerable, no se puede decir lo mismo del tamaño de los platos.Así, al dividirlos entre los 5 comensales, la cantidad era bastante escasa. El postre (una mousse de chocolate) ayudó a remontar la situación debido a su calidad y sobre todo, su tamaño. Como dije en una entrada anterior (entonces refieriendome a las mujeres), mi filosofía a la hora de mover el bigote fuera de casa es "caballo grande, ande o no ande". Y lo que más valoro al salir de un restaurante es, aparte de la calidad-precio y el servicio, la sensación de saciedad.
La comida estuvo regada por un "vino de la casa" , que más bien debería haberse denominado "vino de la mansión", debido a las 19 libras que costaba la botella. Eso sí, era un Rioja bastante decente. Acabada la cena, un trío sudamericano formado por un guitarra, un violonchelista y una cantante de poderosa voz empezó su actuación. Interpretaron con bastante acierto grandes clásicos de la música hispanoamericana que animaron bailar a la mayoría del personal. Se acercaba la medianoche, y siguiendo nuestra secular tradición, pedimos una botella de cava y un plato con uvas de la suerte. A falta de una Marisa Naranjo o un Ramón García, esta vez las "campanadas" fueron narradas por la cantante del trío musical. A pesar de que lo hizo de forma un poco acelerada, pudimos con las 12 uvas y afrontamos el año 2012 con toda la suerte que se supone que proporcionan dichas frutas.
La "dolorosa" hizo honor a su nombre, acrecentado por lo especial de la fecha. Mi amiga informática (siempre son útiles en todo tipo de situaciones) hizo una división razonable, que aún así me obligó a pagar 59 libras. No quiero imaginar a cuánto le salió la broma a nuestro amigo polaco que no paró de pedir cervezas durante toda la noche. Ya sé que era una fecha señalada, nos lo habíamos pasado bien, la comida era buena (pero escasa), al personal se le paga doble (eso espero) y la orquestilla dio bastante vida. Pero no puede dejar de pensar en el pedazo de comilona que, con ese dinero, te puedes pegar en cualquier restaurante que no sea vanguardista.
Ya íbamos a retirarnos cuando la noche me reservaba la última sorpresa. Había una chica que no paraba de bromear con el personal del restaurante mientras bailaba apoyada en sus tacones. Hablando con ella vi que su acento no era muy British. Nada más lejos, ya que resultó ser de Huesca. Definitivamente el mundo es un pañuelo. Estuvimos un rato hablando y añorando nuestra amada tierra oscense hasta que cerraron el bareto. Eran ya las 3 de la madrugada, me esperaba una buena caminata hasta casa y tenía que levantarme a las 5 para ir a trabajar. Si trabajar el día de Año Nuevo se hace cuesta arriba, es el Mortirolo si sólo se ha dormido una hora. Pero como decíamos en Eurovisión..."¡que nos quiten lo bailao!"