martes, 9 de agosto de 2011

Nostalgia Laurentina (espero que "y 2")

Hace exactamente dos años publiqué esta entrada http://blogheterodoso.blogspot.com/2009/08/nostalgia-laurentina.html en mi blog. También me perdí el primer día de las fiestas de Huesca. Aunque he progresado desde entonces. He pasado de ser KP a QC, ya no visto un delantal sino una bata y no empuño un estropajo sino un portafolios y un bolígrafo rojo. Pero da igual, la emoción es la misma. Estar en una fábrica sin ver la luz del día entre gente que no sabe quién es San Lorenzo ni dónde está Huesca, y no ha bebido calimocho en su vida se hace muy cuesta arriba la mañana del 9 de agosto.

sábado, 30 de julio de 2011

Portsmouth



Tras 13 días confinado en una ruidosa y ajetreada factoría, necesitaba una escapada a toda costa. Nada mejor que un destino marítimo para tal menester, así que el sábado por la mañana cogí un autobús rumbo a Portsmouth, ciudad portuaria del sur de Inglaterra. Como suele ser habitual, estas excursiones las hago en solitario. Tiene sus ventajas, pero la verdad es que hago de la necesidad una virtud, más que otra cosa. En este caso, no iba a ser así. A mitad de camino me llegó una grata sorpresa en forma de mensaje. Un amigo de Slough se apuntaba a la expedición.
Nada más llegar a mi destino, la brisa marina y el fantástico paisaje con la Isla de Wight al fondo me hicieron revivir. Pero el mar no sólo es sinónimo de vacaciones, solaz y diversión. También ha sido escenario de momentos dramáticos. Uno de ellos el el Desembarco de Normandía. Una de las bases empleadas para la operación Overlord fue Portsmouth, de ahí que hayan creado el museo del "Día-D" para conmemorarlo. Evidentemente no pude resistir la tentación y allí me dirigí en primer lugar. El museo contaba con un audiovisual sobre el desembarco y sus preparativos, amén de numerosos objetos, fotografías y explicaciones. Nada muy destacable, excepto una barcaza de desembarco que sobrevivió al Día-D a la que me pude subir y sentirme cual aliado antes de ser masacrado en la playa de Omaha. A la salida me estaba esperando mi amigo, con el que recorrimos la ciudad. Aparte de la zona paralela a la costa, con zonas muy pintorescas, el resto de la ciudad cuenta con rincones interesantes.
Entre ellos, la casa natal de Charles Dickens, convertida en museo. Ciertamente está muy bien conservada, pero no me llamó mucho la atención como museo. Creo que el mayor interés radica en ver cómo era una casa de principios del siglo XIX, excepto para los muy fans del escritor.Yo me quedo en fan a secas.
Luego nos dirigimos al museo de la ciudad. Ya sé que hay más de uno, pero se llamaba "City Museum". En el trayecto llegamos a una plaza, que parecía ser el centro de la ciudad. Además de una estatua erigida en honor de la Reina Victoria y algún edificio monumental, en el centro de la plaza había dispuestas unas decenas de sillas mirando a una pantalla gigante en la que se estaba proyectando la película "Carros de Fuego". Hay que ser optimista para planificar una sesión de cine al aire libre en Inglaterra. Pero en este caso les salió bien la jugada, ya que ese día no llovió.
El museo de la ciudad resultó ser bastante interesante. Contaba con una sección dedicada a Sherlock Holmes. Se ve que su creador Conan Doyle vivió unos años en la ciudad. Como se puede comprobar, estos ingleses necesitan pocas excusas para montar un museo. No podían faltar las alusiones al "Blitz" o bombardeo alemán sobre Inglaterra y la tenaz resistencia que cada ciudad demostró.
Tras visitar 3 museos nos preocupamos de cosas más primarias y buscamos un lugar para echar un bocado. El destino elegido fue el muelle recreativo, que se puede decir que no ha envejecido muy bien, habida cuenta de los colores de algunos de sus edificios, auténticamente desfasados. Lo que sí parecía bastante fresco era el bacalao que nos echamos al cuerpo, en la, poco adecuada para dietas de adelgazamiento, forma de fish&chips.
En el último momento me enteré de que la playa que más cubicaba estaba en la zona de Southsea, en la zona este de la ciudad. Sólo nos dio tiempo a llegar a un muelle un poco menos desfasado que el anterior, desde donde empezaba una larga y apetecible playa. Quedó pendiente para futuras visitas, ya que contaba con el tiempo justo para volver a coger mi autobús de vuelta. Mi amigo se volvió en tren(siempre ha habido clases), así que en el muelle nos despedimos con la intención de vivir nuevas y fascinantes aventuras en el futuro.

jueves, 14 de julio de 2011

Southend-on-Sea



El sábado pasado me las prometía muy felices ante la perspectiva de visitar el "Thorpe Park", parque de atracciones conocido (por lo menos por mí) porque en él se desarrolló un capítulo de la archiconocida (también por mí) serie "The Inbetweeners". Los organizadores de tal evento desistieron a última hora con lo que tuve que improvisar a riesgo de tener que pasar mi único día libre confinado en una casa, en la que actualmente moran 3 bebés y un perro. Así que cogí un mapa, y busqué la costa. Me fijé en dos destinos más o menos cercanos (Hastings y Southend-on-Sea) y consulté horarios y precios. La ventaja de vivir cerca de Londres es que desde allí hay enlaces a todas partes. Y en muchos casos a precios más que razonables. En este caso, por apenas 10 libras me saqué el billete a la luz y la inmensidad del mar que baña Southend-on Sea. Se trata de una localidad al este de Londres, a orillas del final de la ría que forma el Támesis en su desembocadura.
El trayecto en tren se animó cuando nos acercamos a la costa. La marea baja dejó una gran cantidad de barcos varados en la arena.
El tren me dejó junto a la calle principal,que, para variar, contaba con una gran actividad comercial y estaba repleta de las mismas franquicias que podemos encontrar en todo el país. Pero esto contrastaba con unos tenderetes a lo largo de la calle en los que se vendían productos artesanales y alimentos de las granjas y fincas de los alrededores. Así, en la misma calle convivían dos formas de ver el comercio, y si se me apura, hasta de la vida.
La calle conducía hacia el mar. No había ido allí de compras, así que no perdí mucho tiempo y me dirigí a la playa. Allí me esperaba un pequeño parque de atracciones que, desgraciadamente, me pilló un poco mayor. Más interesante me pareció el muelle, una pasarela que se internaba más de 2 kilómetros en la costa, y que era descrito como "el muelle recreativo más largo del Mundo". El argumento me convenció para desembolsar 3 libras y patearlo hasta el final. Allí no había gran cosa:una tienda, un bareto y un destacamento de salvamento marítimo. Pero las vistas valían la pena. Para los más vaguetes, un pequeño tren hacía el recorrido de ida y vuelta.
De vuelta a tierra firme, seguí caminando por el paseo marítimo. La playa era casi en su totalidad de piedras. Además había bastantes murallas y baluartes defensivos que se construyeron en prevención de un ataque alemán en la II Guerra Mundial.Por si eso fuera poco, el paisaje que ofrecía el otro lado de la ría era más bien industrial.A pesar de tan poco paradisiaco escenario, la playa contaba con cientos de casetas, que a modo de apartamento minúsculo, contaban con cocina y espacio para un par de camas. Una manera económica de estar en primerísima línea de playa, aunque no sea la de Tahití.
Había que reponer las calorías empleadas en patear. Nada mejor allí que un "fish&chips", una de las estrellas de la gastronomía británica. El bacalao rebozado con patatas fue tan contundente, que hasta un estómago a prueba de bombas como el mío, estuvo resintiéndose un par de horas.
Tras una breve visita por las tiendas,llegué al museo de la ciudad, al que accedí 20 minutos antes de su cierre. Tampoco daba para mucho más. Se trataba de una breve historia de la ciudad en la que no podía faltar la heróica resitencia de sus ciudadanos durante la II Guerra Mundial. Habiendo cubierto ya el cupo cultural, gastronómico y recreativo tocaba volver a casa. La marea había subido, y los barcos que por la mañana estaban inmóviles en la arena, contaban ahora con calado suficiente para hacer de las suyas. Es sorprendente cómo puede cambiar un paisaje en sólo unas horas.
Al llegar a Londres, aproveché que el tren me dejó cerca de Whitechapel para hacer una ruta descrita en un libro que nos lleva por los lugares donde "Jack el Destripador" hizo de las suyas. El hecho de que aún fuera de día, que la zona está muy remodelada, y que la mayoría de la gente de la zona proviene de Bangladesh (nada en contra de ellos, pero no ayudan en nada a recrear el ambiente victoriano) hizo que dejara esta morbosa visita para mejor ocasión.
Tenía curiosidad por ver cómo era una ciudad costera y turística de Inglaterra. La verdad es que Southend-on-Sea no carece de atractivo. Unas vistas menos fabriles, una playa de arena y un clima español, harían que pudiese competir con Benidorm. Pero seguramente para alivio de los turistas y residentes en la zona, todavía no puede.

sábado, 25 de junio de 2011

El Puente

En un ataque de nostalgia patria, eché mano de mi videoteca y decidí ver la película "El Puente", protagonizada por Alfredo Landa. Nada más español. Aunque la primera escena no podía ser más prototípica (un grupo de mecánicos echando requiebros a una escutural señorita), pronto me di cuenta que no iba a ser una españolada al uso. Y es que la mano de Bardem se deja notar.
El género de "Road Movies" o películas de carretera es bastante inusual en nuestra cinematografía. Sin embargo, lo poco que se ha hecho, ha tenido, en general, bastante calidad. Me vienen a la memoria la muy interesante aunque algo irregular "Cara de Acelga", o la más sólida "Carreteras Secundarias". En este caso, se mantiene el nivel, ya que, para mí, "El Puente" es una excelente película.
Las carreteras de la España de los 70 son el decorado que atraviesa Alfredo Landa a lomos de su motocicleta. Ciertamente han mejorado mucho desde entonces. Pero lo que se ha ganado en comodidad, se ha perdido en encanto y aventura. No me imagino una "road movie" en la España actual.
Por esas viejas y entrañables rutas, Landa va encontrando lugares y personajes que le harán ir cambiando poco a poco de forma de pensar. Estando Bardem detrás, no es difícil imaginar hacia dónde se dirigirá el cambio. Pero hay tres razones para ser indulgente con el maniqueísmo que derrocha la película. Está muy bien hecha, Landa está, como siempre, soberbio, y en la época en la que se rodó, las cosas eran diferentes. Los sindicalistas se reunían en las parroquias, luchaban por los trabajadores y no le bailaban el agua al gobierno (que se lo digan a Marcelino Camacho). Los señoritos sólo eran de derechas y en el 76 todavía había presos políticos en nuestras cárceles. Lo malo es que hay mucha gente que aún no se ha enterado o no se quiere enterar que estamos en otra época muy distinta. Pero eso es otra historia.
Por cierto, como dato curioso, el DVD de "El Puente" lo conseguí con La Razón. Con lo cual me pregunto si el hecho de ofrecer una película anticonservadora obedece a que pensaron que era la típica españolada insustancial, o se dejaron guíar por criterios liberales. En cualquier caso, a "Público" no le hubiera pasado...
Película absolutamente recomendable, aunque sólo sea por ver a Alfredo Landa en todo su esplendor. Y también como testimonio de esas carreteras en las que cada viaje suponía una aventura.

sábado, 11 de junio de 2011

Gothic



Normalmente se considera a una persona como divertida cuando está siempre de fiesta o montando juerga. En cambio, a la gente más parada, se le suele catalogar de aburrida. Estando más cerca de lo segundo que de lo primero, no puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación. Una persona de las "aburridas" puede estar entretenida con poca cosa, y no necesita montar jarana para divertirse. En realidad, los "divertidos", son los que más se aburren, porque si no están en un entorno ajetreado, lo pasan mal.
Yo sólo necesito un par de zapatillas, una camiseta y un pantalón de deporte para salir a correr y pasar una hora de lo más entretenida. O un ordenador y un juego de estrategia que me hará estar pegado a la pantalla y perder la noción del tiempo.
Es curioso lo de los juegos de ordenador. En los 80, los juegos para Spectrum 48k, costaban alrededor de 2.500 pesetas. En la actualidad, más de 20 años después, hay una revista de videojuegos que ofrece uno cada semana. Revista y videojuego para pc (evidentemente con una información muy superior a 48 kb) están a la venta por 3,99 € (unas 665 pesetas). Por supuesto he hecho acopio de ejemplares y ahora dispongo de un gran surtido de videojuegos que no son el último grito, pero me han hecho pasar ratos muy divertidos, a pesar de ser una persona "aburrida".
Uno de los más destacados fue el "Gothic", un juego de rol en el que encarnas a un personaje enviado a una colonia penal cubierta por una cúpula mágica. Si a eso le añado que tienes que luchar contra orcos, dragones, y puedes hacer hechizos, directamente me miraréis con cierta condescendencia, o pensaréis que me falta una tuerca. Sin negar esto último, puedo asegurar que ese juego es una obra maestra. Se tiene una sensación de libertad total. Los escenarios son enormes y se puede hablar e interactuar con muchos personajes, que nos tratarán de una forma u otra según nuestras acciones. La segunda parte es igual de buena, pero mucho más grande. Es decir, un auténtico peligro cuando te engancha. Allí no hay cura de desintoxicación posible. Hasta que no se acaba el juego no se puede parar.
Una característica de los juegos de rol es que el personaje va ganando habilidades conforme avanza la aventura. En este caso empieza siendo un paria que no tiene dónde caerse muerto y no conoce a nadie. Poco a poco, iremos ganando fuerza y destreza, a la vez que conoceremos gente y seremos respetados e incluso temidos. En mi periplo británico he observado muchas similitudes con este videojuego. Cuando llegué, mi inglés era manifiestamente mejorable y me costaba mucho entender a la gente y hacerme entender. No tenía trabajo y al principio aceptaba todo lo que me ofrecían. Aparte del amigo con el que vine, el resto del mundo me ignoraba. Poco a poco, a base de un arduo trabajo he ido avanzando en la aventura. Mi inglés es aceptable y soy capaz de entender a la mayoría de la gente, aunque a veces me tengan que repetir la jugada. Mis trabajos han ido mejorando poco a poco. De "kitchen porter" he pasado a "quality controller". Casi nada. Y mi vida social cada vez es más satisfactoria. Pero aún quedan muchos orcos por matar, muchos hechizos que aprender, muchos mundos por visitar y muchas destrezas que adquirir. No descansaré hasta entender a los pakistaníes, tener un trabajo con horarios razonables y conseguir que mis conocidos sean realmente amigos.
Lamentablemente en esta peripecia no puedo guardar la partida cuando las cosas se ponen feas, y las flechas que me disparan duelen de verdad. Pero en ningún caso me arrepiento de haberla iniciado.

sábado, 28 de mayo de 2011

Sentirse vago trabajando 7 días a la semana

Parece ser que trabjar 6 días a la semana no es suficiente en mi empresa. Últimamente les ha dado por fabricar pizzas los sábados. Evidentemente hace falta personal para cubrir ese día. Hasta en tres ocasiones he conseguido zafarme de la petición de mi jefe para ir a trabajar ese día. Considerando que mi renovación estaba cerca, pensé que, por un día no me iba a matar trabajar en sábado. El problema es que esa semana me quedaba sin días libres y enlazaba nada menos que 13 días consecutivos yendo "al tajo". Para más INRI, en todos ellos me ha tocado el temido turno de mañana (de 6 a 14), que obliga a un madrugón exagerado y me deja exhausto para el resto del día.
Con menos ganas de las habituales(que no suelen ser desbordantes) me presenté en la factoría el sábado por la mañana, pensando que iba a ocupar el lugar de Stajanov en los libros de historia laboral. Pero ese lugar no va a estar reservado para mí. Nada más llegar vi a un operario pakistaní ejecutando la tediosa tarea de agrupar por parejas las masas de pizza que venían por la línea de producción. Este compañero había trabajado conmigo toda la semana. Me comentó que, además de estos 7 días en la fábrica, había trabajado la tarde anterior en un Kentucky Fried Chicken, "fazaña" que pensaba repetir al día siguiente.
Luego saludé al jefe de turno, al que no conocía, ya que hace el turno de noche. Le pregunté qué hacía a esas horas, siendo habitual de las noches. Su respuesta me dejó de piedra. Había hecho el turno de noche y lo estaba enlazando con el de mañanas. Me dijo que llevaba 4 sábados seguidos haciendo lo mismo. Y parece ser que no era el único.
Ayer, notando mi supervisora que estaba un tanto tocado (era el último día de mis 13), me preguntó si tenía otro trabajo aparte. Ante mi cara de extrañeza, me confesó que ella limpiaba casas en sus ratos libres.
Se suele decir que no hay que vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. En este caso se va más allá. Esta gente no vive, para trabajar. De momento no se me ha contagiado tan peligrosa enfermedad, pero no sería mala idea ir pensando en cambiar de entorno laboral...

domingo, 15 de mayo de 2011

Eurovisión 2011:Que nos quiten lo bailao



Este año tenía mis dudas de poder seguir el Festival de Eurovisión en mi casa. Habían eliminado a Polonia en semifinales, y mis compañeros de piso no creo que hubieran estado muy interesados en él. Así que les propuse a un par de españolas de Windsor la idea de reunirnos para verlo y aceptaron. El sábado por la tarde aparecí en Windsor tras la pateada de rigor. Se estaba celebrando un festival equino, que daba mucho color a la ciudad, pero restaba atención a lo que realmente importaba. Buscamos algún garito donde retransmitieran la gala, pero al preguntar,los dueños se nos miraban muy extrañados. Cansados de tanta incomprensión fuimos a casa de una de las amigas donde pudimos contemplar el fastuoso espectáculo. Y es que este año, el escenario era realmente espectacular. Pantallas gigantes, fuegos artificiales, escenarios amplísimos... Los alemanes echaron la casa por la ventana ofreciendo un show impresionante. Lástima que a la forma no le acabara de acompañar el fondo. Este año la mayoría de canciones me han parecido bastante insulsas. Algunas lo intentaban compensar haciendo un poco(o mucho) el payaso, como los gemelos irlandeses con un tupé rubio kilométrico, o los "cabezaconos" moldavos.
Sin embargo, hubo algunos temas que me llamaron la atención. Como el griego, de tono dramático, muy a tono con la situación del país. La canción italiana, con tonos jazzisticos, no muy comercial, pero cuya calidad le llevó al segundo puesto. Mención especial para el tema francés. Una ópera de corte antológico cantada en corso, de largo lo mejor del festival, aunque quizá demasiado serio para triunfar. Según he leído en algún foro, el tenor desafinó bastante. La ventaja de ser un pánfilo en materia musical es que ni me enteré, y me encantó la canción.
La ganadora del año pasado, la germana Lena, volvió este año para interpretar una canción no exenta de calidad, aunque poco pegadiza. Si el año pasado nos cautivó con su frescura y naturalidad (por lo menos a mí), este año se le veía aún más guapa, pero mucho más sobrada y diva. Y eso seguro que le restó puntos.
El tema ganador (Azerbayán) no me dijo gran cosa. Algo debe de tener para haber ganado. Y no sólo por los puntos que le llegan de sus vecinos. Algo ayudan, pero si fuera sólo eso, Alemania no hubiera ganado el año pasado, ni Italia hubiera quedado segunda en esta edición. Y esto enlaza con los agonías que echan la culpa a la geopolítica de que España no salga del furgón de cola edición tras edición.
La canción española no era gran cosa, para qué nos vamos a engañar. La cantante Lucía Pérez hizo lo que pudo, pero para destacar entre 25 canciones hay que llevar algo muy pegadizo, o de gran calidad o que tenga algo especial. "Que me quiten lo bailao", era algo pegadiza, pero ni tenía calidad ni era especial. Así que no me sorprendió este puesto tan bajo. Incluso teniendo en cuenta que este año, la competencia no era, ni mucho menos, encarnizada. De todas formas, pocas veces una canción española ha sido un reflejo tan atinado de la situación que vive el país. Vamos camino de los 5 millones de parados, con un gobierno a la deriva , una oposición "en Babia", una crisis económica de la que no se ve la salida, cientos de miles de jóvenes "ni-ni" y no levantamos cabeza en Eurovisión. Pero no pasa nada, tenemos el fútbol y la fiesta.¡Que nos quiten lo bailao!