viernes, 1 de abril de 2011
Vacaciones kafkianas
Una de las normas de mi actual empresa, obliga a los trabajadores a tomarse todos los días de vacaciones acumulados antes del final de marzo. Según mis cuentas, me correspondían 5 días. Pero en recursos humanos sólo me daban 4. Una norma, aún más cutre que la anterior, hacía que mis 13 días trabajados en enero, no contaran para las vacaciones. Aún así me salían 4'66 días. Así que en un gesto de "generosidad", y ante mis protestas,la empresa me acabó dando 4 días y medio. Mi idea fue usarlos para hacerme un viaje a la Madre Patria, huérfana de mí desde octubre. El hijoputismo continuó cuando mi jefe me dijo que no me podían dar los días seguidos debido a que marzo iba a ser un mes muy ajetreado. Me pareció lamentable que, por un lado, la empresa me obligara a coger las vacaciones en marzo, y por el otro, que al ser un mes "busy" no me dejara cogerlas seguidas. No dejé de protestar a mi jefe implorándole una solución durante una semana. Pero parece mi problema siempre era "para mañana". Al final, viendo que no iba a sacar nada, le pregunté que cuándo me los podía coger."Ya te lo diré",fue su esperada respuesta. Tras más días de incertidumbre y darle una especie de ultimatum me dio dos domingos, un lunes y un sábado. Aparte de no dejarme elegir cuales, tuvo la "generosidad" de darme un sábado como vacación, siendo éste mi único día libre. Menos mal que mi supervisora es bastante más eficaz. Se lo comenté y me cambió ese sábado por un lunes inmediatamente. Con lo cual me quedaban dos fines de semana seguidos con sábado, domingo y lunes. No acabó de quedar mal la cosa. Eso sí, la puntilla la pusieron cuando el jueves de la segunda semana me dijeron que había habido un cambio. Y en vez de el lunes, me daban el viernes. Es decir, el día siguiente. Como para planificar algo. El medio día restante lo empleé este jueves para entrar a las 10 en vez de a las 6 de la mañana. ¿Y qué hice con los otros 4? La respuesta está en las siguientes entradas.
lunes, 28 de marzo de 2011
Regata Oxford-Cambridge
Siguiendo con mi política de presenciar el máximo número de acontecimientos deportivos que se celebran en Londres, no podía despreciar la oportunidad de acudir a ver la mítica regata que enfrenta a las universidades de Cambridge y Oxford. Me enteré unos días antes de casualidad navegando por internet. Esto no es como Huesca, donde oportunos carteles pegados en las fachadas nos avisan de los eventos.
Me informé del recorrido y decidí ir a ver la prueba a la zona de Hammersmith. Nada más bajar del metro, una marea humana se dirigió al puente y sus proximidades.Me metí por un paseo paralelo al río donde había un ambiente impresionante. Estaba abarrotada de gente esperando a los remeros pinta en mano. Al final del paseo se encontraba un parquecillo donde la organización había instalado una pantalla gigante. Había además, numerosos puestos de bebida y comida, amén de una banda de música. La gente hacía botellones en el césped, recordándome la entrañable y alcoholizada celebración de San Jorge en Huesca. Ciertamente era un ambiente muy propicio para el pototeo, y además a plena luz del día. Me llamó la atención que la gente se venía arriba cuando presentaban a los remeros en la televisión, cual si fueran ídolos.Quizá en cierta manera lo sean.
A pesar del ambiente, en esa zona, la visibilidad sobre el Támesis era pobre. Así que me fui al puente de Hammersmith, que estaba también a rebosar. Cuando un helicóptero de televisión pasó sobre nuestras cabezas, tuve una sensación parecida a la de estar esperando a los ciclistas en el Tour de Francia. Mucha gente esperando un buen rato para ver unos segundos a unos deportistas. No parece que cubique mucho. Pero ese ambiente previo es una experiencia fascinante.
Al rato, se empezaron a escuchar gritos de los aficionados y un enjambre de barcas se divisaron en el horizonte. Los remeros llevaban una nutrida comitiva, entre organizadores y policías. Al paso por el puente, los remeros de Oxford llevaban una ligera ventaja. Nada más perderlos de vista, me acerqué al parque a ver el final. Oxford se llevó esta vez la regata, a pesar de las previsiones que daban como favoritos a sus rivales. Y luego siguió la fiesta...
La experiencia resultó muy interesante. Como amante del deporte, me encanta ver como en otros países se mantienen tradiciones centenarias y se presta atención a otros eventos deportivos aparte del fútbol. Como prueba, un cartel colocado en la pantalla gigante que rezaba:"En esta pantalla no se va a transmitir ningún partido de fútbol".
Me informé del recorrido y decidí ir a ver la prueba a la zona de Hammersmith. Nada más bajar del metro, una marea humana se dirigió al puente y sus proximidades.Me metí por un paseo paralelo al río donde había un ambiente impresionante. Estaba abarrotada de gente esperando a los remeros pinta en mano. Al final del paseo se encontraba un parquecillo donde la organización había instalado una pantalla gigante. Había además, numerosos puestos de bebida y comida, amén de una banda de música. La gente hacía botellones en el césped, recordándome la entrañable y alcoholizada celebración de San Jorge en Huesca. Ciertamente era un ambiente muy propicio para el pototeo, y además a plena luz del día. Me llamó la atención que la gente se venía arriba cuando presentaban a los remeros en la televisión, cual si fueran ídolos.Quizá en cierta manera lo sean.
A pesar del ambiente, en esa zona, la visibilidad sobre el Támesis era pobre. Así que me fui al puente de Hammersmith, que estaba también a rebosar. Cuando un helicóptero de televisión pasó sobre nuestras cabezas, tuve una sensación parecida a la de estar esperando a los ciclistas en el Tour de Francia. Mucha gente esperando un buen rato para ver unos segundos a unos deportistas. No parece que cubique mucho. Pero ese ambiente previo es una experiencia fascinante.
Al rato, se empezaron a escuchar gritos de los aficionados y un enjambre de barcas se divisaron en el horizonte. Los remeros llevaban una nutrida comitiva, entre organizadores y policías. Al paso por el puente, los remeros de Oxford llevaban una ligera ventaja. Nada más perderlos de vista, me acerqué al parque a ver el final. Oxford se llevó esta vez la regata, a pesar de las previsiones que daban como favoritos a sus rivales. Y luego siguió la fiesta...
La experiencia resultó muy interesante. Como amante del deporte, me encanta ver como en otros países se mantienen tradiciones centenarias y se presta atención a otros eventos deportivos aparte del fútbol. Como prueba, un cartel colocado en la pantalla gigante que rezaba:"En esta pantalla no se va a transmitir ningún partido de fútbol".
lunes, 21 de marzo de 2011
New Jersey Nets 137-Toronto Raptors 136
Este año, la NBA decidió, por primera vez, jugar dos partidos de la liga regular en Europa. El destino elegido fue Londres. Y yo, que andaba por allí cerca, no pude resistir a la tentación. En principio no son los dos equipos más atractivos de la liga. Pero teniendo en cuenta que en Toronto juega Calderón, y que tampoco podía elegir, me hice con la entrada. Quién sabe cuándo iba a tener otra oportunidad de ver en vivo un espectáculo de tal calibre.
El "día-D" cogí el metro, y al intentar coger la linea "Jubilee" me encontré con una puerta vallada. Había un cartel que decía que estaba en obras. Esta linea era la única que accedía al estadio, por lo que vi que peligraba el espectáculo. Afortunadamente el corte era parcial, y puede coger esta linea en otro punto más avanzado. En el metro se respiraba ambiente de baloncesto. Es una sensación que nunca había tenido en el Reino Unido. El evento se disputaba en el O2 Arena, un monumental pabellón que será sede de los Juegos Olímpicos. El edificio alberga numerosas salas de ocio y restaurantes, que servían cenas a precio de oro. A un "ni un clavel" como yo, no le pillan de sorpresa estas cosas, y ya fui convenientemente alimentado.
Al entrar al pabellón, empecé a subir y subir escaleras hasta llegar a mi zona. Mi política de austeridad me había enviado a una localidad en la que casi hacían falta prismáticos para ver a los jugadores. Una pantalla gigante sobre la pista me iba a facilitar las cosas. Tras las presentaciones y espectáculos al más puro estilo americano, empezó el partido. Llevo muchos años siguiendo la NBA. Es una competicióm mítica que acoge a los mejores jugadores del mundo.La verdad es que una cosa es ver un resumen con los mejores momentos o un partido de la final y otra es tragarte un partido entero en la cancha. Las jugadas de Toronto eran tal que así: Calderón subía la pelota, la pasaba y se retiraba a una esquina. Recibían la pelota DeRozan o Bargnani, aclarado para ellos y jugada individual. Por parte de New Jersey, se lo curraban un poco más, pero tampoco eran el "show time". Eso sí, en cada tiempo muerto o descanso no faltaban "cheer leaders", mascotas, o gente haciendo el payaso cuando les enfocaban las cámaras y salían por la pantalla gigante. Es decir, mucho espectáculo, pero poco baloncesto. Por lo menos estuvo emocionante. Tanto que se disputaron 3 prórrogas. Buena noticia para amortizar la entrada, pero al final no compensó. Más de 3 horas y media que se hicieron interminables. Porque en cada prórroga había 3 ó 4 tiempos muertos. Total, para que le hicieran un aclarado a Bargnani y fallara (Hicieron la misma jugada al final del partido y al final de la tercera prórroga, y el italiano falló ambas). Se pudieron ver algunos detalles de calidad, como Vujavic cosiendo a triples el aro canadiense,Brook Lopez siendo un coloso bajo los aros, Leandro Barbosa haciendo de las suyas o Deron Williams(uno de los mejores bases de la NBA), rompiéndole la cintura a Calderón. Pero yo me lo paso mejor viendo al Peñas en LEB Plata. Por lo menos le veo el careto a los jugadores, se juega en equipo, y no hay un tiempo muerto cada medio minuto. Al salir, era tan tarde que habían cerrado el metro. Tuve que improvisar y coger un par de autobuses, aparte de darme una pateada de enjundia para volver a casa. Aunque la experiencia me decepcionó bastante, era una de esas cosas que tenía que hacer. Por que si no..¿qué sentido tiene trabajar 6 días a la semana en una fábrica y vivir en una casa con 11 personas en mitad de la nada, a cientos de kilómetros de mi familia y amigos?
lunes, 14 de febrero de 2011
Inglaterra 59- Italia 13
Hace unos meses, en una de mis incursiones por el "Gran Londres", llegué hasta el barrio de Twickenham. Evidentemente, no paré hasta localizar el mítico estadio de rugby. Una vez allí me vino a la cabeza un viejo sueño que había tenido desde niño: Ver en vivo un partido del "V Naciones". Recuerdo haber visto algunos partidos en la tele, sin conocer las reglas ni entender exactamente lo que estaba pasando. Pero esos partidos tenían una tradición y una historia que me llamaban la atención.
De vuelta a la realidad, pensé que, habida cuenta de que sólo se juegan 2 ó 3 partidos al año del torneo (ahora VI Naciones), conseguir una entrada sería poco menos que imposible. Hasta que el otro día, curioseando por la página web de la federación inglesa de rugby, vi que quedaban entradas para el Inglaterra-Italia. No era, en principio, el partido más interesante. Además las entradas no eran baratas. Pero oportunidades como éstas no hay que dejarlas escapar. Así que hice el intento de comprar la localidad, pero el sistema de seguridad de mi tarjeta funcionó demasiado bien. Queda claro que nadie podrá comprar nada en esa página con mi tarjeta. Lo malo es que en ese "nadie" entro yo. Pasé un par de días intentando burlar los sistemas de seguridad, pero no había manera. Hasta que caí en otra página web de venta de entradas. Aquí salían aún más caras, pero conseguí pagar y adquirir el valioso boleto. Me lo tenían que mandar a casa, lo cual me generaba bastante inquietud. Ningún problema, ya que a los dos días me llegó un paquetito con el tesoro en forma de entrada. A efectos prácticos, el día del partido yo iba a ser Mr. Paul Gordon, ya que la entrada venía a ese nombre.
El sábado por la mañana me empapé a base de bien las reglas del rugby y cogí el autobús 81 que me deja en Hounslow. Lo que suele costar una media hora, en este caso, y atasco de tráfico mediante, me ocupó casi hora y media. Menos mal que iba sobrado de tiempo, aunque a ratos me temía lo peor encerrado en el autobús. Desde Hounslow tenía un paseo de una media hora hasta el estadio. No me sabía muy bien el camino, pero confié en mi talento natural, y sobre todo en seguir a las hordas de aficionados que se dejaban notar bastante portando banderas o enfundadas en camisetas de rugby.
Cuando por fin apareció Twickenham en el horizonte, el espectáculo fue impresionante. Miles de personas congregadas en los aledaños comiendo y bebiendo en numeros puestos situados para la ocasión. Me hubiera echado unas cuantas pintas, pero no era plan yendo solo. Así que, haciendome pasar por Mr. Gordon accedí al estadio. Como aún quedaba un rato, visité el museo del rugby, situado en las dependencias de Twickenham. Es interesante, sobre todo para los fanáticos. Como yo no lo soy tanto, estuve una rato y subí a mi localidad. Mucho me tocó subir, ya que estaba arriba del todo. Sin duda, ello me daba una perspectiva ideal para seguir el juego. Y claro, también era la entrada más barata que pude encontrar.
La ceremonia de los himnos fue sublime, con una banda tocando en el centro del campo. Me sentí medio inglés cuando el abarrotado estadio (más de 80.000 personas) coreó el "God save the Queen".
El partido en sí, no tuvo mucha historia. A los dos minutos, Inglaterra ya consiguió un ensayo. Italia pudo, a base de golpes de castigo, no perder mucha comba. Pero poco a poco, la linea de tres cuartos inglesa impuso su superioridad acribillando a ensayos a los transalpinos, para regocijo del público asistente. Se palpa en el ambiente que este año el trofeo puede volver a Twickenham después de 8 años. La cita clave es el partido ante Francia dentro de dos semana. Evidentemente me gustaría ir, pero teniendo en cuenta que las entradas superan las 300 libras, y que ya he "matado el gusanillo", lo dejaremos para mejor ocasión.
Al final, y como era de esperar, "paliza" de Inglaterra a Italia. Estos últimos no acaban de ser competitivos en el torneo, siendo hasta ahora su único objetivo, burlar la "cuchara de madera".
Sabido es, que en rugby, el tercer tiempo es casi tan importante como los otros dos. En los pubs próximos al estadio, cientos de personas celebraban la victoria entre pintas. Coincidía en ese momento la emisión del Escocia-Gales. Me hubiera quedado en cualquiera de los baretos empapándome de ambiente rugbístico. Pero con eso de ir sólo a los pubs todavía no puedo. Tiempo al tiempo.
viernes, 11 de febrero de 2011
Con las manos en la masa
Hace cosa de un mes, mis compañeros de piso me invitaron a sumarme a su tertulia que giraba en torno a la presencia de fantasmas en la casa. Como se suele decir, una cosa lleva a la otra, y uno de ellos me comentó que en su empresa (una panificadora) buscaban gente para el control de calidad. Dado que mi trabajo estaba en la base de la pirámide laboral, le dije que estaba abierto a cualquier posibilidad. Dos días después, mi compañero me comunicó que al día siguiente por la mañana tenía una entrevista en las dependencias de "Montana Bakery". Otro compañero se ofreció a llevarme en coche. En el trayecto me dio unos consejos (casi órdenes) para la entrevista. Aparte de decirme que era un trabajo muy fácil, tenía que decir que ya había trabajado de eso, que tenía mucha experiencia y que esas tareas no tenían secretos para mí.
En la empresa me recibió una persona muy amable que tenía más pinta de señora que te invita a tomar un té con pastas que de manager. A pesar de ser escocesa, su pronunciación era muy correcta, por lo que la entrevista fue bastante bien .Pese a que mentir se me podría dar muy bien, debido a mi seriedad, es algo que prefiero evitar. Así que dije la verdad. Mi único trabajo en una panificadora habían sido algunas semanas como operario y mozo de almacén en la Mildred de Huesca. Para compensar, tengo estudios en tecnología de alimentos (carrera terminada, no como algunos ministros). La mánager me hizo algunas preguntas técnicas de las que pude salir indemne y me dio su beneplácito, a la espera de otra entrevista con el encargado de calidad. Esta entrevista tuvo lugar una semana después. Esta vez no fue tan plácida.
Fui muy confiado, pero al llegar al polígono industrial me perdí. Entre tanta nave no encontraba la de Montana, así que les llamé por teléfono. Hablar por teléfono en inglés no es fácil. Y si encima, por un lado tienes coches y camiones, y por otro aviones, la cosa es casi imposible. Pude entender el nombre de la calle y llegar, aunque con retraso. Me recibió el mánager de calidad, al que me costó bastante entender, ya que es de origen indio, y ese acento se las trae. Pude salir airoso de las preguntas técnicas, pero faltaba la prueba final. Se trataba de un examen para ver si mi inglés y mis matemáticas eran suficientes. Yo esperaba un texto de Oscar Wilde y unas cuantas derivadas. Pero se trataba de un texto tipo: Pedro tiene 34 años y 3 hijos, María de 5 años, Lucio de 3 años y Rufo de 2. ¿Cuántos años tiene Lucio? Era tan fácil que contesté mal a dos preguntas porque pensaba que tenían truco. Y las matemáticas: sumas, divisiones, multiplicaciones...
A pesar de mis dos erratas, pasé la prueba. Ya me dijo el mánager que me habían cogido y que cuándo podría empezar. A la semana siguiente ya estaba trabajando como QC (Quality Controller) en Montana Bakery. El trabajo no ha resultado tan fácil como me lo pintaban, son 6 días a la semana, el sueldo es más bien escaso, y una fábrica no es el lugar más agradable para trabajar. Pero también tiene sus satisfacciones. Estoy aprendiendo bastante, una de mis tareas es hacer una cata de productos y sobre todo vacilar a la gente diciendo que trabajo de Quality Controller. Y es que escuchar a una checa de 1´80 decir "uauuuu" cuando le dices en qué trabajas, no tiene precio...
En la empresa me recibió una persona muy amable que tenía más pinta de señora que te invita a tomar un té con pastas que de manager. A pesar de ser escocesa, su pronunciación era muy correcta, por lo que la entrevista fue bastante bien .Pese a que mentir se me podría dar muy bien, debido a mi seriedad, es algo que prefiero evitar. Así que dije la verdad. Mi único trabajo en una panificadora habían sido algunas semanas como operario y mozo de almacén en la Mildred de Huesca. Para compensar, tengo estudios en tecnología de alimentos (carrera terminada, no como algunos ministros). La mánager me hizo algunas preguntas técnicas de las que pude salir indemne y me dio su beneplácito, a la espera de otra entrevista con el encargado de calidad. Esta entrevista tuvo lugar una semana después. Esta vez no fue tan plácida.
Fui muy confiado, pero al llegar al polígono industrial me perdí. Entre tanta nave no encontraba la de Montana, así que les llamé por teléfono. Hablar por teléfono en inglés no es fácil. Y si encima, por un lado tienes coches y camiones, y por otro aviones, la cosa es casi imposible. Pude entender el nombre de la calle y llegar, aunque con retraso. Me recibió el mánager de calidad, al que me costó bastante entender, ya que es de origen indio, y ese acento se las trae. Pude salir airoso de las preguntas técnicas, pero faltaba la prueba final. Se trataba de un examen para ver si mi inglés y mis matemáticas eran suficientes. Yo esperaba un texto de Oscar Wilde y unas cuantas derivadas. Pero se trataba de un texto tipo: Pedro tiene 34 años y 3 hijos, María de 5 años, Lucio de 3 años y Rufo de 2. ¿Cuántos años tiene Lucio? Era tan fácil que contesté mal a dos preguntas porque pensaba que tenían truco. Y las matemáticas: sumas, divisiones, multiplicaciones...
A pesar de mis dos erratas, pasé la prueba. Ya me dijo el mánager que me habían cogido y que cuándo podría empezar. A la semana siguiente ya estaba trabajando como QC (Quality Controller) en Montana Bakery. El trabajo no ha resultado tan fácil como me lo pintaban, son 6 días a la semana, el sueldo es más bien escaso, y una fábrica no es el lugar más agradable para trabajar. Pero también tiene sus satisfacciones. Estoy aprendiendo bastante, una de mis tareas es hacer una cata de productos y sobre todo vacilar a la gente diciendo que trabajo de Quality Controller. Y es que escuchar a una checa de 1´80 decir "uauuuu" cuando le dices en qué trabajas, no tiene precio...
sábado, 5 de febrero de 2011
Zagreb (y III)
El domingo por la mañana nos lo tomamos a título de inventario. Había que recuperar fuerzas. Así que el voltio por Zagreb se retrasó hasta después de comer.
El domingo por la tarde suele ser bastante tristón, y no digamos en una ciudad ex-comunista. Así que tras patear un rato, mi amigo propuso ir a ver el partido de fútbol del Real Madrid a un bar. Evidentemente, la idea no me sedujo en absoluto, hasta que vi que el bareto en cuestión contaba con decenas de televisiones, una de las cuales retransmitía el España-Túnez, del mundial de balonmano. Otra cosa es. Se me ocurrió pensar en la situación inversa. Un croata que quisiera ver un partido de su selección de balonmano en España, lo tendría bastante crudo.Ciertamente el balonmano en Croacia es el deporte rey, o poco le falta. En muchas vallas publicitarias aparecen jugadores de la selección como Ivano Ballic, y algunos bares estaban engalanados con ocasión del mundial. Tras salir del bar, con la satisfacción de la victoria española y mi indiferencia por el empate del Madrid, visitamos el casco histórico de Zagreb. No le falta encanto, con calles empedradas, edificios singulares y esa sensación de encontrarse siglos atrás en el tiempo. La verdad es que echaba de menos esa impresión que no consigue transmitirme Londres y menos aún Slough.
El lunes salía mi avión a primera hora de la tarde, así que había que aprovechar la mañana. Quién sabe cuando volvería a tierras croatas.Fuimos al museo de Historia. Allí había una exposición monográfica de Ban Jelačić, un gobernador de Croacia en el siglo XIX. Parece ser que es muy importante por estos lares. De hecho, en la plaza principal de Zagreb hay una estatua ecuestre en su memoría. Pero a mí, he de reconocer que no me decía mucho. Una vez empapado de su vida y milagros los recepcionistas me dijeron que no había más salas. El siguiente paso no podía ser otro que visitar un museo dedicado a alguien que me dijera algo más. Estando en Croacia y siendo un amante del baloncesto, el destino estaba claro: Museo Drazen Petrovic. Allí, una atenta empleada nos explicó la historia del "Mozart" del baloncesto mientras podíamos contemplar una amplia colección de fotografías, trofeos, camisetas y objetos personales.No nos pudimos deleitar mucho, porque iba más bien justo de tiempo. Así que cogimos un par de tranvías y me presenté a la carrera en la estación de autobuses, donde estaba a punto de salir mi salvoconducto al aeropuerto. Mucho apuré, porque el siguiente autobús salía media hora después, lo que me hubiera causado algunos problemas de no fácil solución. Ningún contratiempo a partir de allí. Pude volver del aeropuerto a casa andando sin sorpresas de última hora. No sé si por tratarse de un país mediterráneo, o por haber estado con amigos, me dio más la impresión de estar "en casa" en Zagreb que en Slough. Parece ser que mi adaptación al medio no está siendo del todo exitosa.
miércoles, 26 de enero de 2011
Zagreb (II)
Mi primer día en Zagreb amaneció soleado y despejado. Acostumbrado a la brumosa y nublada Inglaterra, no pude aguantar mucho tiempo en el piso y fui con mi amigo a dar una vuelta por la ciudad. A plena luz del día, y con gente por las calles, mi imagen, un tanto sombría de la ciudad cambió bastante. Apenas unos minutos después de haber iniciado nuestro paseo, nos encontramos con un auténtico VIP paseando por la ciudad. Se trataba del mítico tenista Goran Ivanisevic, acompañado de su escultural mujer y sus, de momento no tan esculturales hijos. Como la cosa iba de mitos, nos acercamos al pabellón donde solía jugar la Cibona de Zagreb en su época gloriosa. Entramos al recinto y no vimos ni a Petrovic ni a Knego, pero pudimos disfrutar de un bonito espectáculo. Un grupo de tinajeras patinadoras sobre hielo estaba entrenando y haciendo acrobacias al son de la música.
Una visita turística no es completa si no se entra a un supermercado local. En este caso, aquí dominan los Konzum(nada que ver con su cuasi-homólogo español). Se percibía la herencia comunista en las grandes colas que se formaban en ellos. Así que decidimos ir a un símbolo de la europa capitalista como el Lidl. Allí, además de ver carne de cerdo de marca "Cerdo"(sic), tuve el honor de ser atendido por la señorita Petrovic. No creo que tenga parentesco con el genio de Sibenik, pero me hizo ilusión.
El plato fuerte de la jornada era un partido de baloncesto de la liga Adriática (formada principalmente por equipos de la antigua yugoslavia). En este caso, se enfrentaban el KK Zagreb contra el Krka esloveno. En el equipo local juegan dos viejos conocidos de la ACB ya en el ocaso de sus carreras: Mulaomerovic y Mario Kasun. Siendo el baloncesto un deporte tan importante en Croacia, esperaba algo más de ambiente. Aún así fue un partido entretenido con detalles de calidad, como no podía ser menos tratándose de jugadores ex-yugoslavos. Se impuso con claridad el equipo local, lo cual nos dio la excusa perfecta para salir a celebrarlo esa noche.
El destino elegido para saciar nuestros deseos de ocio nocturno era una discoteca a las afueras de la ciudad, a orillas de un lago. Por lo visto es una zona muy turística, pero a esas horas daba más miedo que otra cosa. Tras la pateada de rigor, tanto la primera opción como la de reserva estaban cerradas, parece ser que por reformas.Nos metimos en una discoteca llamada Aquarium. A pesar de ese nombre, en ningún caso nos sentimos como pez en el agua. El sitio no estaba mal, pero había demasiada gente, y la música, a un volumen demasiado elevado como para ni siquiera imaginar pototear en croata. Volvimos a un bareto que habíamos visto de camino, y que resultó todo un acierto. Aparte de más espacio vital, la música era croata. La verdad es que en el anterior garito no vi mucha diferencia entre estar en España, en Croacia o en el Reino Unido, ya que la música era la misma. En el segundo bar se respiraba otro ambiente. Nos retiramos a una hora prudente. Esto de madrugar me está echando a perder... Pero no iba a ser tan fácil la cosa. Cogimos un tranvía equivocado y nos dimos cuenta cuando empezaron a aparecer campos que nos alejaban del centro. Nos bajamos y esperamos otro tranvía de vuelta. Pero no aparecía ninguno, así que tocó patear. Tras media hora, llegamos a la parada donde habíamos cogido el tranvía y decidimos no arriesgar. Pateada de casi una hora más y en casita sanos y salvos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
