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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Peripecias olímpicas

Debido a cuestiones técnico-burocráticas-económicas he estado más de un mes sin internet en casa. Eso ha hecho que haya descuidado mi blog más de lo deseable. Me he ido apañando con visitas a la biblioteca o usando un ordenador en la cantina de mi trabajo con acceso a internet. Pero un purista de la ortografía como yo se niega a publicar una entrada sin tildes ni eñes. Debido a esta ausencia, las próximas entradas van a estar algo desfasadas en el tiempo. Si eso no nos importa al leer clásicos inmortales como "Los Tres Mosqueteros" o "Las Aventuras de Huckleberry Finn", espero que sea lo mismo con mis últimas aportaciones. 
 Cuando este año se acercaba el verano me di cuenta de que iba a estar muy cerca de uno de los acontecimientos más legendarios para un amante del deporte como yo:Los Juegos Olímpicos. Mi gozo se fue al pozo cuando los periódicos comentaban que las entradas habian volado en cuestión de horas. Ya me hice idea de ver alguna prueba abierta al público como la maratón o el ciclismo en ruta. 
  Un día, a dos semanas de la inaguración, se me ocurrió visitar la página oficial. Vi que aún quedaban entradas a la venta, y algunas a precios razonables. No sé si los periódicos habían exagerado o se trataba de gente que había devuelto sus localidades. El atletismo y el baloncesto estaban por las nubes, y otros deportes coincidían con mi horario laboral. Así que acabé comprando un boleto para una sesión de voleibol femenino que incluía dos partidos. No es que sea un deporte que siga mucho, pero es ciertamente muy plástico y espectacular.
 Los partidos se celebraban en Earl´s Court, un pabellón situado en el Oeste de Londres, fuera del anillo olímpico. Mejor para mí, ya que en un viaje en metro de unos 40 minutos ya estaba allí. Nada más salir de la estación pude respirar el ambiente olímpico. Numerosos carteles y voluntarios indicaban el camino al pabellón. Se formó una marea humana que sólo había visto en partidos de fútbol. La entrada al pabellón estaba custodiada por soldados que hacían exhaustivos controles de seguridad. No creo que las aficiones del balonvolea sean célebres por sus hinchas violentos, pero en estos acontecimientos es mejor prevenir que curar. Una vez dentro, pude comprobar que las instalaciones eran propias para albergar grandes acontecimientos, como los Juegos de 1948, pero no los del 2012. No en vano, el Earl´s Court Exbition Centre fue inagurado en los años 30, y aunque se le ha hecho algún parcheado, la instalación es bastante vetusta. 
 Pero no había ido allí a apreciar la arquitectura del lugar, sino a ver super remates y bloqueos de hembrones de 1'90. Como era de esperar, mi localidad no estaba precisamente a pie de pista, sino en una esquina bastante alejada de la acción. El primer partido enfrentaba a Estados Unidos frente a Turquía. Las yanquis partían como favoritas, cosa que demostraron con un claro 3-0, aunque las otomanas les hicieron sudar el primer set, teniendo incluso algún punto para hacerse con el mismo. Dado que no soy muy entendido el la materia no puedo hacer un análisis técnico muy detallado (aparte de que no creo que interese a la mayoría de mis lectores). Sólo puedo decir que la superioridad en el bloqueo de las americanas no pudo ser contrarrestada con el buen hacer en la creación turca.
La sesión contaba con otro partido entre Serbia y Brasil. Entre ambos partidos tuve una media hora que dediqué a recorrer las históricas aunque avejentadas instalaciones. Aparte de numerosos chiringuitos de comida y venta de recuerdos (esto es más negocio que otra cosa), había una televisión donde se retransmitía el atletismo. En ese momento se iba a celebrar la final de los 100 m lisos, la prueba más mediática. La gente se volvió loca al presenciar la remontada de Usain Bolt, y mostró bastante más entusiasmo del que había dedicado a las jugadoras de voleibol. Si el primer partido no tuvo mucha historia, el segundo fue un auténtico paseo militar de las brasileñas ante el endeble equipo serbio.
A pesar de que eso suponía quitarle valor a mi inversión, agradecí que en ambos partidos sólo se disputasen 3 sets. Había trabajado ese día desde una hora muy temprana y empezaba a acusar el cansancio. Aparte de que me daba igual quién ganara. Sólo quería presenciar el espectáculo. Curiosamente, la final del torneo enfrentó a Estados Unidos y Brasil, con triunfo carioca, así que se puede decir que mi elección fue acertada. Al final del partido volví a casa con la satisfacción de deber cumplido. Ya había presenciado en vivo unos juegos olímpicos.

lunes, 28 de marzo de 2011

Regata Oxford-Cambridge

Siguiendo con mi política de presenciar el máximo número de acontecimientos deportivos que se celebran en Londres, no podía despreciar la oportunidad de acudir a ver la mítica regata que enfrenta a las universidades de Cambridge y Oxford. Me enteré unos días antes de casualidad navegando por internet. Esto no es como Huesca, donde oportunos carteles pegados en las fachadas nos avisan de los eventos.
Me informé del recorrido y decidí ir a ver la prueba a la zona de Hammersmith. Nada más bajar del metro, una marea humana se dirigió al puente y sus proximidades.Me metí por un paseo paralelo al río donde había un ambiente impresionante. Estaba abarrotada de gente esperando a los remeros pinta en mano. Al final del paseo se encontraba un parquecillo donde la organización había instalado una pantalla gigante. Había además, numerosos puestos de bebida y comida, amén de una banda de música. La gente hacía botellones en el césped, recordándome la entrañable y alcoholizada celebración de San Jorge en Huesca. Ciertamente era un ambiente muy propicio para el pototeo, y además a plena luz del día. Me llamó la atención que la gente se venía arriba cuando presentaban a los remeros en la televisión, cual si fueran ídolos.Quizá en cierta manera lo sean.
A pesar del ambiente, en esa zona, la visibilidad sobre el Támesis era pobre. Así que me fui al puente de Hammersmith, que estaba también a rebosar. Cuando un helicóptero de televisión pasó sobre nuestras cabezas, tuve una sensación parecida a la de estar esperando a los ciclistas en el Tour de Francia. Mucha gente esperando un buen rato para ver unos segundos a unos deportistas. No parece que cubique mucho. Pero ese ambiente previo es una experiencia fascinante.
Al rato, se empezaron a escuchar gritos de los aficionados y un enjambre de barcas se divisaron en el horizonte. Los remeros llevaban una nutrida comitiva, entre organizadores y policías. Al paso por el puente, los remeros de Oxford llevaban una ligera ventaja. Nada más perderlos de vista, me acerqué al parque a ver el final. Oxford se llevó esta vez la regata, a pesar de las previsiones que daban como favoritos a sus rivales. Y luego siguió la fiesta...
La experiencia resultó muy interesante. Como amante del deporte, me encanta ver como en otros países se mantienen tradiciones centenarias y se presta atención a otros eventos deportivos aparte del fútbol. Como prueba, un cartel colocado en la pantalla gigante que rezaba:"En esta pantalla no se va a transmitir ningún partido de fútbol".

lunes, 21 de marzo de 2011

New Jersey Nets 137-Toronto Raptors 136



Este año, la NBA decidió, por primera vez, jugar dos partidos de la liga regular en Europa. El destino elegido fue Londres. Y yo, que andaba por allí cerca, no pude resistir a la tentación. En principio no son los dos equipos más atractivos de la liga. Pero teniendo en cuenta que en Toronto juega Calderón, y que tampoco podía elegir, me hice con la entrada. Quién sabe cuándo iba a tener otra oportunidad de ver en vivo un espectáculo de tal calibre.
El "día-D" cogí el metro, y al intentar coger la linea "Jubilee" me encontré con una puerta vallada. Había un cartel que decía que estaba en obras. Esta linea era la única que accedía al estadio, por lo que vi que peligraba el espectáculo. Afortunadamente el corte era parcial, y puede coger esta linea en otro punto más avanzado. En el metro se respiraba ambiente de baloncesto. Es una sensación que nunca había tenido en el Reino Unido. El evento se disputaba en el O2 Arena, un monumental pabellón que será sede de los Juegos Olímpicos. El edificio alberga numerosas salas de ocio y restaurantes, que servían cenas a precio de oro. A un "ni un clavel" como yo, no le pillan de sorpresa estas cosas, y ya fui convenientemente alimentado.
Al entrar al pabellón, empecé a subir y subir escaleras hasta llegar a mi zona. Mi política de austeridad me había enviado a una localidad en la que casi hacían falta prismáticos para ver a los jugadores. Una pantalla gigante sobre la pista me iba a facilitar las cosas. Tras las presentaciones y espectáculos al más puro estilo americano, empezó el partido. Llevo muchos años siguiendo la NBA. Es una competicióm mítica que acoge a los mejores jugadores del mundo.La verdad es que una cosa es ver un resumen con los mejores momentos o un partido de la final y otra es tragarte un partido entero en la cancha. Las jugadas de Toronto eran tal que así: Calderón subía la pelota, la pasaba y se retiraba a una esquina. Recibían la pelota DeRozan o Bargnani, aclarado para ellos y jugada individual. Por parte de New Jersey, se lo curraban un poco más, pero tampoco eran el "show time". Eso sí, en cada tiempo muerto o descanso no faltaban "cheer leaders", mascotas, o gente haciendo el payaso cuando les enfocaban las cámaras y salían por la pantalla gigante. Es decir, mucho espectáculo, pero poco baloncesto. Por lo menos estuvo emocionante. Tanto que se disputaron 3 prórrogas. Buena noticia para amortizar la entrada, pero al final no compensó. Más de 3 horas y media que se hicieron interminables. Porque en cada prórroga había 3 ó 4 tiempos muertos. Total, para que le hicieran un aclarado a Bargnani y fallara (Hicieron la misma jugada al final del partido y al final de la tercera prórroga, y el italiano falló ambas). Se pudieron ver algunos detalles de calidad, como Vujavic cosiendo a triples el aro canadiense,Brook Lopez siendo un coloso bajo los aros, Leandro Barbosa haciendo de las suyas o Deron Williams(uno de los mejores bases de la NBA), rompiéndole la cintura a Calderón. Pero yo me lo paso mejor viendo al Peñas en LEB Plata. Por lo menos le veo el careto a los jugadores, se juega en equipo, y no hay un tiempo muerto cada medio minuto. Al salir, era tan tarde que habían cerrado el metro. Tuve que improvisar y coger un par de autobuses, aparte de darme una pateada de enjundia para volver a casa. Aunque la experiencia me decepcionó bastante, era una de esas cosas que tenía que hacer. Por que si no..¿qué sentido tiene trabajar 6 días a la semana en una fábrica y vivir en una casa con 11 personas en mitad de la nada, a cientos de kilómetros de mi familia y amigos?

lunes, 14 de febrero de 2011

Inglaterra 59- Italia 13



Hace unos meses, en una de mis incursiones por el "Gran Londres", llegué hasta el barrio de Twickenham. Evidentemente, no paré hasta localizar el mítico estadio de rugby. Una vez allí me vino a la cabeza un viejo sueño que había tenido desde niño: Ver en vivo un partido del "V Naciones". Recuerdo haber visto algunos partidos en la tele, sin conocer las reglas ni entender exactamente lo que estaba pasando. Pero esos partidos tenían una tradición y una historia que me llamaban la atención.
De vuelta a la realidad, pensé que, habida cuenta de que sólo se juegan 2 ó 3 partidos al año del torneo (ahora VI Naciones), conseguir una entrada sería poco menos que imposible. Hasta que el otro día, curioseando por la página web de la federación inglesa de rugby, vi que quedaban entradas para el Inglaterra-Italia. No era, en principio, el partido más interesante. Además las entradas no eran baratas. Pero oportunidades como éstas no hay que dejarlas escapar. Así que hice el intento de comprar la localidad, pero el sistema de seguridad de mi tarjeta funcionó demasiado bien. Queda claro que nadie podrá comprar nada en esa página con mi tarjeta. Lo malo es que en ese "nadie" entro yo. Pasé un par de días intentando burlar los sistemas de seguridad, pero no había manera. Hasta que caí en otra página web de venta de entradas. Aquí salían aún más caras, pero conseguí pagar y adquirir el valioso boleto. Me lo tenían que mandar a casa, lo cual me generaba bastante inquietud. Ningún problema, ya que a los dos días me llegó un paquetito con el tesoro en forma de entrada. A efectos prácticos, el día del partido yo iba a ser Mr. Paul Gordon, ya que la entrada venía a ese nombre.
El sábado por la mañana me empapé a base de bien las reglas del rugby y cogí el autobús 81 que me deja en Hounslow. Lo que suele costar una media hora, en este caso, y atasco de tráfico mediante, me ocupó casi hora y media. Menos mal que iba sobrado de tiempo, aunque a ratos me temía lo peor encerrado en el autobús. Desde Hounslow tenía un paseo de una media hora hasta el estadio. No me sabía muy bien el camino, pero confié en mi talento natural, y sobre todo en seguir a las hordas de aficionados que se dejaban notar bastante portando banderas o enfundadas en camisetas de rugby.
Cuando por fin apareció Twickenham en el horizonte, el espectáculo fue impresionante. Miles de personas congregadas en los aledaños comiendo y bebiendo en numeros puestos situados para la ocasión. Me hubiera echado unas cuantas pintas, pero no era plan yendo solo. Así que, haciendome pasar por Mr. Gordon accedí al estadio. Como aún quedaba un rato, visité el museo del rugby, situado en las dependencias de Twickenham. Es interesante, sobre todo para los fanáticos. Como yo no lo soy tanto, estuve una rato y subí a mi localidad. Mucho me tocó subir, ya que estaba arriba del todo. Sin duda, ello me daba una perspectiva ideal para seguir el juego. Y claro, también era la entrada más barata que pude encontrar.
La ceremonia de los himnos fue sublime, con una banda tocando en el centro del campo. Me sentí medio inglés cuando el abarrotado estadio (más de 80.000 personas) coreó el "God save the Queen".
El partido en sí, no tuvo mucha historia. A los dos minutos, Inglaterra ya consiguió un ensayo. Italia pudo, a base de golpes de castigo, no perder mucha comba. Pero poco a poco, la linea de tres cuartos inglesa impuso su superioridad acribillando a ensayos a los transalpinos, para regocijo del público asistente. Se palpa en el ambiente que este año el trofeo puede volver a Twickenham después de 8 años. La cita clave es el partido ante Francia dentro de dos semana. Evidentemente me gustaría ir, pero teniendo en cuenta que las entradas superan las 300 libras, y que ya he "matado el gusanillo", lo dejaremos para mejor ocasión.
Al final, y como era de esperar, "paliza" de Inglaterra a Italia. Estos últimos no acaban de ser competitivos en el torneo, siendo hasta ahora su único objetivo, burlar la "cuchara de madera".
Sabido es, que en rugby, el tercer tiempo es casi tan importante como los otros dos. En los pubs próximos al estadio, cientos de personas celebraban la victoria entre pintas. Coincidía en ese momento la emisión del Escocia-Gales. Me hubiera quedado en cualquiera de los baretos empapándome de ambiente rugbístico. Pero con eso de ir sólo a los pubs todavía no puedo. Tiempo al tiempo.

lunes, 23 de agosto de 2010

5ª Subida a la Fuente "El Paco"


La temporada atlética de otoño se va acercando. Así que es bueno ir haciendo pruebas para afinar la forma. Este sábado se celebraba en Villanúa la Subida a la Fuente "El Paco". Se trata de una carrera de montaña de unos 14 km que transcurre parte por asfalto, y parte por intrincados caminos.
El día se presentaba soleado y caluroso. Pero se pudo soportar gracias a que la carrera empezaba temprano y abundaban las sombras en el recorrido.
Este verano no he podido entrenar todo lo que quisiera. En realidad, no he podido hacer casi nada de lo que he querido. Si alguien entiende que en un país haya millones de parados y otros millones que trabajan por dos, que me lo explique. Como tampoco conocía el recorrido empecé tranquilo. A la salida del pueblo, la carretera se empinó considerablemente. A muchos, ese aperitivo se les indigestó un poco. No a mí, que ya soy "perro viejo" y dejo mis cartuchos para el final. A partir del segundo o tercer kilómetro se entraba en una senda estrecha en la que no había espacio para correr. En estas condiciones, se pueden ir al traste todas las previsiones de ritmo por kilómetro. Como en este caso el tiempo me daba igual, seguí "china-chano" como si estuviera de excursión hasta que la senda se abrió un poco y se pudo empezar a correr. El recorrido es ciertamente muy bonito,entre bosques y a ratos con unas vistas impresionantes. Una vez que llegamos al punto más alto, vino la parte que menos me gusta de estas carreras: la bajada por senda. Hay que estar muy atento, ya que el riesgo de lesiones es alto. Y siempre hay detrás algún "cagaprisas" esperando a adelantarte a la mínima ocasión. En este caso no hubo problema. Los 3 o 4 que me adelantaron avisaron y no hicieron el "kamikace". A los 2 kilómetros, la senda se convirtió en un camino en condiciones donde pude desplegar sin cortapisas mi poderosa zancada. El terreno fue todavía más favorable cuando el camino pasó a ser de asfalto. No sé si estarían bien medidos los kilómetros, pero uno lo hice en 3 minutos escasos. Pensaba que la carrera acababa en bajada, pero no era así. Los dos últimos kilómetros llaneaban por Villanúa. Como lo había dado todo en la bajada, se me hicieron un poco agónicos. El cálido recibimiento en la meta, con migas y cerveza incluidas, hicieron que olvidase inmediatamente las penurias finales. Para futuras participaciones, me queda como referencia mi tiempo de 1 h 12'.
El balance que hago de esta prueba no puede ser más positivo. A diferencia de otras carreras de montaña en las que hay que parecerse más a un rebeco que a un humano para hacerla, es bastante asequible, aunque no exenta de dureza. El buen ambiente, la cuidada organización, los obsequios (migas, cerveza, camiseta técnica...), el privilegiado paisaje y el hecho de que la inscripción sea gratuita hacen que esta prueba sea absolutamente recomendable.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Europeos de Atletismo Barcelona 2010



El atletismo siempre ha sido uno de mis deportes favoritos. Mis primeros recuerdos datan del Europeo de Atenas '82. Desde entonces, este bendito deporte me ha permitido vivir momentos inolvidables. Pero siempre a través de la pequeña pantalla. Cuando me enteré de que los Europeos del 2010 se iban a celebrar en Barcelona, me quedó claro que iba a hacer todo lo posible por acudir. Afortunadamente, mi trabajo ha aflojado ligeramente y pude librar el sábado por la tarde y el domingo. Todo un "logro" que me permitió viajar a la Ciudad Condal acompañado de un amigo más interesado en ir a la playa que en ver con sus propios ojos uno de los mayores espectáculos que nos puede proporcionar la raza humana.
Nada más entrar al estadio, las heptaletas estaban lanzando jabalina. Las combinadas son un poco el "patito feo" de las competiciones atléticas. Pero fue mi primer contacto con el atletismo en vivo y lo seguí con interés. Me sentía como un niño que va por primera vez al circo. En la pista pasaban muchas cosas y cada una conseguía cautivarme y captar la atención. También me impresionó la primera ceremonia de entrega de medallas. Cuando escuché el himno alemán en honor de la lanzadora de martillo Betti Heidler, con todo el estadio ponbiéndose en pie, me sentía como si hubiera ganado yo. Lástima que, en mi afán de estar lo más cerca posible de los atletas, adquirí una localidad con una perspectiva muy poco panorámica. Por ello, me costó bastante seguir pruebas como el peso o la pértiga masculinos. En compensación, fue testigo privilegiado del triple salto femenino. Como curiosidad, en esta prueba compitieron la portuguesa Mamona y la helena Perra.
El plato fuerte de la jornada fueron los 5000 m masculinos, donde Jesús España consiguió una meritoria plata frente al intratable Mo Farrah.
El domingo por la mañana reservaba un acontecimiento muy emotivo. Nada menos que la maratón masculina. El paseo de Colón y aledaños estaba repleto de público para animar a los sufridos atletas, que no sólo se enfrentaban a la mítica distancia, sino también a la humedad y al calor. El ya casi legendario Chema Martínez se hizo con la medalla de plata. Nada más atravesar la meta, junto al parque de la Ciudadela, Chema demostró que si su categoría atlética es grande, la humana no le va a la zaga. Recorrió la recta de meta en sentido contrario para agradecer al público su apoyo, consiguiendo emocionarnos a todos.
La tarde se presentaba apasionante. Y la verdad es que, en absoluto defraudó. Esta vez había buscado ubicarme en la curva donde se desarrollaba el salto de altura femenino. En un concurso muy emocionante y de un nivel excelente, la croata Blanca Vlasic consiguió llevarse el gato al agua. Impresionante el comportamiento del público, animando en todo momento a las saltadoras, aunque estuvieran compitiendo contra la española Ruth Beitia. Una pena lo de la cántabra, a la que se le niegan al aire libre los éxitos que consigue en pista cubierta.
Mientras, se iban sucediendo concursos y carreras. Yo intentaba estar al tanto de todo, incluso ayudándome de unos prismáticos. Pero como se suele decir por Aragón, "no adubía". El foso de longitud me pillaba en la otra punta. Y cuando me quería dar cuenta, Alekna o Pestano ya habían lanzado el disco. Me pude centrar, eso sí, en los 1500 m femeninos. Se me ponía la piel de gallina cuando las atletas pasaban por mi zona y el público se ponía en pie y se volvía loco animándolas. El estadio casi se cae abajo cuando Nuria Fernández se impuso con un poderoso sprint final, secundada por la tarraconense Natalia Rodríguez en tercera posición. Las carreras de relevos 4x400 con dominio ruso cerraron el programa. Por mí podrían haber seguido otras 3 horas. Por algo se suele decir que el atletismo es el auténtico rey de los deportes. Un partido de fútbol de 4 horas sería algo difícil de digerir. En cambio, una sesión atlética de tanto o más tiempo, se pasa sin darse cuenta.
La ceremonia de clausura fue bastante sencilla, dando el protagonismo a los voluntarios y a los atletas. Me parece mucho más acertado que los espectáculos grandilocuentes que suelen adornar las inaguraciones. Como postre, unos fuegos artificiales iluminaron la noche barcelonesa.
Mi primera experiencia como espectador de una prueba atlética de categoría no ha podido ser más positiva. Aparte del innegable y grandioso espectáculo que los atletas nos otorgan en el foso, es impresionante el ambiente de las gradas. Un público entusiasta pero muy respetuoso que anima a todos los atletas, independientemente de su nacionalidad. Destacar la gran cantidad de aficionados extranjeros que poblaban las gradas. Si a eso les sumamos los españoles que venían de fuera de Barcelona y que el estadio no estaba lleno, me da la impresión de que los barceloneses no son muy aficionados al atletismo. Pero se les perdona si saben organizar tan bien actos como éste, o los mismos Juegos Olímpicos.
Como dijeron en la clausura a modo de despedida:Nos vemos en Helsinki 2012. ¿Alguien se anima?

lunes, 23 de noviembre de 2009

II Torneo de Touch Rugby "Cassoulet"



Hace unos meses publiqué una entrada en la que hablaba de la creacción en Huesca de un club de una modalidad de rugby llamada "touch". Poco a poco hemos ido creciendo hasta el punto de ser invitados a un torneo internacional celebrado en Toulouse. Yo había estado unos meses desconectado, y ando un poco perdido, pero me apetecía vivir esta experiencia.
El viernes por la mañana, con un "ligero retraso" hicimos de avanzadilla para preparar el terreno en Toulouse. El largo viaje fue amenizado por las anécdotas que el capitán del equipo fue desgranando con su particular sentido del humor y su gracejo extremeño. A pesar de no llevar GPS pudimos llegar al hotel, no sin haber tenido algunos titubeos. A pesar de eso, yo prefiero ir con el plano. La sensación de aventura es mayor, aunque se pase algún momento de apuro. Nuestro hotel era un "Etap". De la misma familia que los "Formule 1", aunque con un punto más de confort. No me gustan mucho estos hoteles, todos tan igualitos y funcionales, sin alma. Aunque hay que reconocer que son muy prácticos y económicos. Lo más destacado de los alrdedores del hotel era la "Ciudad del Espacio", un espacio temático en el que destacaba la imponente presencia del cohete francés Arianne. Nos vino muy bien como referencia para guiarnos hacia el hotel en muchos casos. Una vez unificada la expedición fuimos a cenar a una pizzería cercana. La comida era correcta, con raciones generosas. Un poco cara la comida, pero la verdadera clavada nos la metieron en la bebida. Medio litro de cerveza, 7 euros. Parece ser que en Francia ser un borracho sale caro, y no sólo por la cirrosis.
La situación periférica del hotel y la necesidad de guardar fuerzas para el día siguiente hicieron que nos retiráramos pronto a dormir.
El sábado era el día del torneo. Como empezaba a las 12 aprovechamos la mañana para dar un voltio por Toulouse. Se veía una ciudad bastante animada. No pudimos ver gran cosa, pero tenía buena pinta. La visita más esperada por muchos miembros de la expedición fue la tienda del "Stade Toulousain", equipo local de rugby, uno de los mejores de Europa.Los precios, nada populares, echaron a más de uno hacia atrás, aunque alguno se llevó algún balón conmemorativo. Después nos dirigimos, por fin al estadio. Allí nos recibió la organización y se hizo una demostración para que quedaran claras las reglas a todos los equipos. En los prolegómenos mi presencia se hizo necesaria como intérprete, ya que era el único jugador de nuestro equipo que hablaba francés. Me gustó poder practicar esa lengua, un poco oxidada tras mi paso por Escocia. Nuestro debut fue contra el equipo de Nantes. En un partido poco vistoso, pero muy emocionante logramos imponernos por 1 a 0. Nuestro principal objetivo, que era ganar algún partido se consiguio a las primeras de cambio. Y además ante, nada menos que el equipo de Nantes. La alegría y la euforia se apoderaron del grupo. El siguiente partido se encargó de devolvernos a la realidad. El Saint Marcellin tenía menos nombre que el Nantes. Además sus comonentes eran bastante veteranos. Pero se notaba que sabían jugar. Y así lo hicieron, ganándonos por 5 a 2. El siguiente partido fue contra Pau. Se trataba de un equipo con mucho oficio, con el culo pelado de jugar durante muchos años. Hicieron uso de numerosas triquiñuelas y marrullerías para llevarse el gato al agua. Lejos de amilanarnos,esto hizo que el equipo sacara lo mejor de sí mismo, luchando hasta la extenuación. Llegamos a adelantarnos por 2 a 1, aunque nos remontaron para vencer por 3 a 2. En los dos siguientes partidos pagamos el esfuerzo perdiendo contra Toulouse y La Rochelle. A continuación jugamos el cruce contra los sextos del otro grupo, un equipo de Barcelona, con el que conseguimos empatar a 3 y quedar tan amigos. A la salida, mientras tomábamos unas cervezas junto al estadio, se nos acercó un argelino empleado del estadio para hablar. No sé dónde se habrá informado, porque nos dijo que España iba a ser en 10 ó 15 años la cabeza de Europa. También pudimos recordar el mundial España '82, en el que tan buen papel hizo su selección. Volvimos al hotel, nos adecentamos y nos encaminamos a la fiesta que preparó la organización. No estaba muy lejos el Etap, así que fuimos andando por las desoladas calles que caracterizan los suburbios franceses. En un local perteneciente al equipo de rugby se celebrabra una cena amenizada con música y regada con buen vino de mesa francés. Unos patés de aperitivo dieron paso a la estrella gastronómica de la zona: el cassoulet. Se trata de un plato a base de alubias, salchichas y pato. Lo trajeron en unas enormes cazuelas horneadas. No sé si porque estábamos muertos de hambre después de haber jugado 6 partidos o porque el plato era delicioso, pero no dejamos ni rastro. En la fiesta coincidimos con varios equipos a los que nos habíamos enfrentado. El ambiente, como suele ser habitual en los "terceros tiempos" fue de lo más cordial. También sirvió para unir lazos dentro de nuestro propio equipo. A eso de la una se dio por finiquitada la fiesta. Unos cuantos se fueron directamente al hotel. A otros nos motivó la idea de continuar la noche en una discoteca, y un tercer grupo se ofreció a guiarnos hasta la puerta. Con ayuda de un GPS llegamos a la calle donde se suponía que estaba la "boite". Eso sí, el artilugio nos hizo dar una vuelta impresionante por calles desiertas, colmenas, y zonas tugurientas y solitarias. La discoteca no se divisaba, y como ya veíamos el Arianne en lontananza decidimos volver al hotel.
La mañana siguiente la consagramos a conocer un poco más la ciudad. A pesar de ser domingo, estaba llena de gente. Había un gran número de mercados, unos callejeros y otros cerrados, donde se podían adquirir un gran número de exquisiteces culinarias como quesos, marisco, vinos. Otros eran más humildes y ofrecían frutas, verduras o ropas. Pero todos ellos daban un aire especial a la ciudad, más humano y entrañable que el que nos brindan los modernos centros comerciales. Aún nos quedaron algunos rincones de Toulouse por visitar. Espero que podamos recorrerlos en año que viene en el próximo torneo Cassoulet. A todos nos gustó la experiencia, y sería buena señal que volviéramos el año que viene. Esto ya no hay quien lo pare.

martes, 5 de mayo de 2009

MARINO: GRITOS DE SUFRIMIENTO

 Este fue el titular de un artículo que la revista “Ciclismo a fondo “ dedicó al Giro de Italia ’91. Marino Lejarreta afrontó un ambicioso reto ese año. Ya había corrido las tres vueltas grandes en una misma temporada, pero en el 91 quería disputar las tres. En la Vuelta a España se encontró con un poderosísimo Melchor Mauri que corría en su mismo equipo y tuvo las manos atadas para poder atacar, aunque estaba muy fuerte.
 Empezó el Giro aún más fuerte, pero se encontró con un Franco Chiocholli intratable. Ese año, el Giro fue durísmo, sobre todo en la última semana. Y a ella llegó Marino con la reserva, que se le acabó en la etapa que finalizó en el Passo Pordoi. Esta etapa pasaba por la Marmolada, una auténtica pared. Y fue en ese puerto donde Lejarreta las pasó canutas. Yo no llegué a gritar el domingo, pero poco me faltó.
 La semana pasada sólo libraba el domingo. El problema para un turista permanente como yo, es que ese día apenas circulan autobuses en la isla. Por ello alquilé una bicicleta el sábado por la tarde, para devolverla el lunes por la mañana. Ya la tarde del sábado fui a dar una vuelta por cerca de Portree para recuperar viejas sensaciones. Echaba de menos el pedalear y fue un gustazo. Se me hizo un poco raro circular por la izquierda, incluso tuve algún despiste en algún cruce donde instintivamente me iba al otro lado. Y es que, como dijo el ex-ministro Bermejo, yo siempre he ido por la derecha.
Mi plan para el domingo era ir al Neist Point Lighthouse, un faro que me habían dicho que era digno de ver. Está “un poquillo” lejos de Portree, pero contaba con emplear todo el día para ir y volver. Temía por el mal tiempo, así que cuando a las 6 de la mañana me despertó la lluvia me veía encerrado en casa todo el día. Pero la almohada soluciona muchos problemas, así que me volví a dormir y un rayo de sol me despertó a las 10. Tras un copioso desayuno partí a las 11 en pos del faro.
 Primer problema: mis glúteos acusaban el contacto con el sillín del día anterior.
 Segundo: Se trataba de una bicicleta de montaña bastante pesada, poco adecuada para circular por carretera. De hecho me hizo recordar por qué nunca me he comprado un velocípedo de esta guisa.
  Tercero: Durante la ida sufrí un viento ora en contra, ora lateral en contra.
 Cuarto: En esta isla no hay cien metros llanos.
 Quinto: Hacía unos dos años que no montaba en bicicleta.
 Sexto: La carretera era muy estrecha y debía pararme cada vez que me cruzaba con un coche. 
 Séptimo: Mi bidón de agua había sido el día anterior portador de una bebida con presunto sabor a naranja, que, como el Cid, siguió aportando su repelente sabor al agua que ahora contenía.
Con estos condicionantes lo que debería haber sido un plácido paseo se convirtió casi en una tortura que sólo mi motivación logró vencer.


   A la altura de Dunvegan, donde visité un castillo hace dos semanas, cogí una carretera más secundaria aún y llegué a un cruce. Los carteles señalando el faro brillaban por su ausencia. Así que le pregunté al primer coche que paró, en este caso ocupado por dos suizas. Tras las parrafadas y balbuceos en inglés resultó que hablaban español. Nada más irse el coche de las suizas me preguntó un turista lo mismo. Yo me curé en salud y le dije:”Esas chicas de allí me han dicho que es por esta carretera” Seguí mi camino haciendo cuentas. Iba a ir muy justito para llegar, no sólo de fuerzas, sino de tiempo, para que no se me hiciera de noche a la vuelta.
Tras unas cuantas millas de sube-baja-para que viene coche, atravesando un paisaje privilegiado que el cansancio apenas me permitía admirar, me topé con una rampa del 16 % que fulminó mi ya escasa moral. La subí a pata, llegué al cartel de un pueblo (Glendale) y decidí regresar. Me quedaban unas 3 o 4 millas, pero se veían unas cuestas de horror y probablemente se me hubiera hecho de noche a la vuelta, suponiendo que hubiera tenido fuerzas para llegar a casa. Supongo que debí sentir la sensación de fracaso, pero el cansancio y el miedo a no poder volver, hicieron que no la notara.
En la vuelta el viento fue más favorable a mis intereses. Lástima que en mis condiciones no lo pudiera aprovechar mucho, pero por lo menos no me daba en contra. Una parada en Dunvegal para aprovisionarme de una chocolatina “Lion” me dio ánimos para afrontar las 22 millas que anunciaba el cartel de la ruta que elegí para volver, distinta a la de la ida. Cada pedalada era una tortura. La subidas, por suaves que fueran, se me hacían eternas. En las bajadas ni pedaleaba. La imagen de Lejarreta gritando en la Marmolada se me hacía continuamente presente. Para mayor escarnio, había ratos en los que se ponía a llover con fuerza, aunque a los 10 ó 15 minutos, cesaba. Al final, me veía obligado a subir las cuestas andando. Mis piernas no daban más de sí.
 La nota artística la dio un perfecto arcoíris de 180 grados, que compensó una o dos horas de la excursión, pero no toda.
 A unas dos millas de Portree, una bajada considerable me dio el empujón para poder llegar. Un último arreón de lluvia y viento huracanado le dieron el toque épico a mi entrada en Portree a las 8. Pocas cosas positivas se pueden sacar de un palizón de este calibre, en el que apenas he disfrutado, no he conseguido mi objetivo y como decía Santiago Urrialde, “no siento las piernas”. Pero eso es lo que tienen las grandes empresas, pueden llevarnos a la gloria o al fracaso.

viernes, 27 de marzo de 2009

Huesca Touch Rugby

Hace un tiempo un amigo (Joaquín) me habló de una modalidad de rugby en la que no se hacían placajes, denominada Touch Rugby. Me mandó un video para haceme una idea en el que un grupo de niños y niñas correteaban en un polideportivo. Es decir, algo muy alejado de lo que se puede presenciar en un partido del VI Naciones. En principio, esta modalidad me pareció un poco chorras.
Pero el amigo, además, quería formar un equipo en Huesca y nos trató de convencer para formar parte del mismo. Como he dicho, al principio no me motivó mucho, pero Joaquín supo venderme bien el producto. Destacó que seríamos pioneros en Huesca, que jugaríamos el campeonato de Aragón contra un equipo de Zaragoza e inluso algún partido internacional con equipos franceses. Además lo vi con tanta ilusión que decidí probar.
Esta tarde nos hemos juntado en un campo de fútbol de las piscinas de San Jorge. Hemos ido 12 personas casi todas novatas en el mundo del rugby. Esta modalidad se diferencia del original en que no se hacen placajes. Cuando tocas a un rival con balón, se tiene que parar y reanudar la jugada. En cada ataque sólo se pueden recibir 5 toques. Al sexto, se pierde la posesión, cosa que también sucede si nuestro pase toca el suelo. El resto de reglas son similares al rugby convencional: sólo se pueden hacer pases hacia atrás, para hacer un ensayo hay que correr hasta la linea de fondo rival, etc.
Una vez puestos en faena, este nuevo deporte ha resultado realmente divertido. Al principio el balón ovalado parecía cobrar vida, y se nos escapaba continuamente. Pero cuando le hemos cogido el tino hemos trenzado algunas jugadas bastante fluidas. Lo bueno es que no hace falta estar hecho un toro, y el peligro de lesión es bajo, aunque algun tirón muscular ha habido.
Al terminar, como no podía ser menos, ha venido el tercer tiempo, o lo que es lo mismo: unas cervezas en el bar. Aunque yo lo he cambiado por el entrenamiento de baloncesto. Cada cual tiene sus vicios.
Si a alguno o a alguna (los equipos son mixtos) le apetece probar, la cita es los jueves a las 19 h en las piscinas de San Jorge.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Los Llanos no se nos hicieron cuesta arriba.


Debido a acontecimientos ajenos a mi voluntad y por lo que él dice, ajenos a la responsabilidad de nuestro presidente, últimamente tengo mucho tiempo libre y la ventaja de hacer cosas entre semana que antes sólo podía hacer en fin de semana. Lo mejor de ésto es que se evita la masificación. No hay más que ver la portada del Diario del Altoaragón después de un puente para ver cómo las estaciones de esquí están a tope a pesar de la crisis. Aparte de ser una señal de que por Huesca no pasan muchas cosas, el ver esas pistas tan abarrotadas me quita las pocas ganas que tengo de calzarme unos esquís. Otra cosa es ir un miércoles no festivo,que es lo que hicimos un amigo y yo. Aprovechando que él tenía vacaciones, fuimos a hacer esquí de fondo a los Llanos del Hospital, cerca de Benasque. Hasta ahora sólo había esquiado dos veces, ambas haciendo esquí nórdico y en Candanchú. El número de caídas por minuto que había sufrido me habían quitado toda esperanza de prosperar en este mítico deporte.
El viento gélido que nos recibió no ayudó mucho a salvar las reticencias iniciales. De hecho, a los 5 minutos casi me vuelvo al coche al sufrir un leve mareo. Pero los ánimos de mi compañero de fatigas me hicieron continuar. Y a fe que lo agradezco, ya que pude comprobar que ni yo soy tan torpe,ni el esquí de fondo es algo tan inalcanzable. El circuito verde de estas pistas es un anillo de unos dos kilómetros casi llano excepto un pequeño tramo de bajada que acaparó nuestros tropezones, que fueron muchos menos que en Candanchú. Y es que aquella pista, con sus curvas cerradas y sus empinadas rampas es un auténtico calvario para neófitos como yo.
Destacar que el número de esquiadores no debía supera la decena, lo cual es un auténtico placer, para los que huyen de las masificaciones y el borreguismo.
También visitamos la hospedería, con una decoración soberbia, y un interesante museo sobre su historia. Hace años era un lugar de paso a Francia bastante frecuentado.
En resumen, para todos aquellos que deseen iniciarse en el esquí de fondo, la estación de los Llanos del Hospital, ofrece las instalaciones idóneas, sobre todo entre semana.