miércoles, 30 de diciembre de 2009

La Chica de Ayer


Hace unos años, mi impresión sobre las series de televisión españolas era bastante pobre. Actualmente, ni siquiera tengo una opinión sobre ellas. Directamente no las veo. Eso hasta que me enteré de que este año habían emitido una serie en Antena 3 con un argumento que me pareció interesante. Ví el episodio piloto y no pude parar hasta que la vi entera. La serie consta de 8 episodios en los que se cuenta cómo un comisario de policía regresa involuntariamente al año 1977, donde intenta, haciendo el mismo trabajo policiaco, resolver asuntos que acabarían influyendo en el presente.
El argumento presenta muchas semejanzas con la película "Regreso al Futuro", y es una adaptación de la serie británica "Life on Mars".
Normalmente, las series de policías no me motivan mucho. Y si son españolas, menos. ¿Y por qué me ha enganchado ésta? Porque siempre me ha llamado la atención lo de poder viajar en el tiempo. Poder conocer cómo se vivía en otras épocas y en otros lugares. En este caso, el protagonista (Ernesto Alterio), en vez de aprovechar el suceso para investigar, está continuamente lamentándose y buscando la manera de volver al presente. Precisamente la mayor tara que le veo a esta serie es el papel de Alterio. Lleno de aspamientos y sobreactuaciones. Por contra, el comisario jefe, interpretado por Antonio Garrido, es soberbio. En él se reflejan los modos del franquismo, aunque se dejan entrever los cambios que la democracia acabará trayendo a todos los estamentos. Chulo, prepotente, machista, homófobo... pero eficaz en la misión que él ve clara:proteger a los buenos de los malos al precio que sea.
El resto del plantel hace una labor más que correcta, destacando la labor de vestuario y maquillaje, que logra hacer creible al espectador el momento histórico.
Una mirada a una época cercana en el tiempo pero muy distinta. No había internet, ni teléfonos móviles, sólo dos canales de televisión, los homosexuales estaban proscritos, la mujer era legalmente inferior al hombre, y la democracia estaba en pañales. Hemos evolucionado en muchas cosas, pero en algunas nos hemos pasado de frenada: discriminación positiva, orgullo gay, televisión basura...
Ayer, unos hombres hechos y derechos (y una mujer) lo pasamos como enanos jugando a la consola hasta las madrugada. En "la Chica de Ayer", los padres del protagonista (que representan un poco a los nuestros), bastante más jóvenes que nosotros, se las ven y se las desean para sacar el hogar y el niño adelante. ¿Vamos a mejor o a peor?

lunes, 28 de diciembre de 2009

Fin de trayecto



Me he decidido a acabar la crónica de mi viaje de regreso de Escocia, antes de que tenga que mencionar "el año pasado" para referirme a ella. La anterior entrada me dejó en Donegal esperando el autobús para Sligo. Antes, le había preguntado al dueño de mi hostel si era una ciudad bonita. Con gran franqueza me dijo que no, que había bastantes tiendas y eso, pero que no era muy vistosa. No era la respuesta que esperaba escuchar, pero luego pude comprobar que era bastante acertada.
En apenas hora y media de trayecto por pintorescos lugares cerca de la costa llegué a Sligo, capital del condado homónimo, una pequeña ciudad que apenas llega a los 20.000 habitantes. Pese a ello es uno de los principales centros urbanos de la zona.
Al llegar pude darme cuenta que iba a dar más juego que Donegal. Eso sí, también pude corroborar que no era precisamente un lugar con mucho encanto. Apenas llegué a la estación busqué la oficina de turismo. Allí pregunté por un hostel, ya que no tenía reserva. Teniendo en cuenta que no estaba en un centro turístico y era martes, contaba con no tener problema en encontrar sitio. Acabaría yéndome al otro extremo.
La empleadada me habló de albergues: uno era céntrico y otro estaba tan en las afueras que hasta ella me lo desaconsejó. Así pues, me decanté por "The White House"(La Casa Blanca). El hostel era correcto, pero no estaba muy animado. De hecho sólo había una persona alojada cuando llegué, que además estaba dándose un voltio. Es decir, tenía todo el albergue para mí. En otras circunstancias se agradece, pero era mi última noche del viaje, y no era tranquilidad lo que más me convenía.
Lo que más me llama la atención de las ciudades irlandesas o británicas es la gran actividad comercial que atesoran. En este caso,a la actividad comercial se une la académica, con una universidad potente (Instituto Tecnológico de Sligo). Poco más ofrece esta ciudad, acaso algunos lugares pintorescos junto al río, los restos de una abadía y alguna evocación al poeta Yeast, que residió un tiempo allí. Por curiosidad, busqué el hostel del que me hablaron en la oficina de turismo. Con grandes dosis de hijoputismo por su parte, estaba situado junto a un polígono industrial, a una distancia sideral del centro. Llegar allí con mi maletón hubiera supuesto toda una hazaña.
No pude evitar visitar la universidad. Estaba un poco alejada del centro, pero tenía tiempo de sobra. El campus era bastante moderno y de un tamaño considerable. Aprovechando mi mochila y mi rostro poco avejentado, me hice pasar por un estudiante más y visité algunas facultades. La baja ratio de alumnos por aula me impidió acudir a alguna clase, como ya he hecho en alguna ocasión en España. Volví al centro para comer un humilde kebab en la cadena "Abrakebabra". Al pasear por Sligo notaba una diferencia con lo que había percibido en ciudades escocesas o norirlandesas. Daba la impresión que la crisis que, con tanta fuerza había golpeado a la República de Irlanda, había hecho que la gente me pareciera un poco apagada y con un poco de mala leche. Siguiendo con mi política cutre (a estas alturas no iba a cambiar) me hice con alguna lata en el Tesco que calenté e ingerí en el hostel. Allí había llegado un conserje bastante cachondo que me comentó que estaba esperando a dos inquilinas canadienses. Éstas acabaron apareciendo pero salieron disparadas en busca del pototeo. Así que le pregunté al conserje por los sitios más animados y salí en plan "me llamaban Trinidad" a prender fuego a Sligo. Entré en un garito con muy buena pinta que empezaba a animarse. Debido al alto número de universitarios per cápita, en esta ciudad hay marcha todos los días. En este pub se celebraba una especie de concurso con un "speaker" haciendo preguntas y proponiendo juegos. En uno de ellos se premiaba a la chica que se pudiera quitar más prendas de ropa. Antes daban un tiempo para que hiciera acopio de vestimentas. Ante la mirada golosa que despertó mi chaqueta en la amiga de una concursante me integré en la dinámica del concurso ayudando a su victoria. Estuve un rato más, pero lo que me apetecía era algo más de vidilla, así que busqué otro garito. En uno de ellos se estaba gestando una cola. Vi que era de pago. Eso supone un riesgo, ya que nadie asegura que vaya a estar animado. Pero pensé que si un martes cobraban entrada era porque tenía que haber demanda. Y así fue. La discoteca estaba prácticamente llena. Los luceritos irlandeses, aderezados con atrevidos modelitos lucían en todo su esplendor. Me sumergí en un ambiente que pronto iba a echar de menos. Casi sin darme cuenta llegaron las dos y se encendieron las luces. La salida de los toros me permitió socializar un poco, pero la cosa no dio para mucho más. Los estudiantes tenían clase al día siguiente. Volví al hostel y me crucé con un grupo de un chico y dos chicas. Una de ellas me sonrió deseándome las buenas noches. Fue un poco el símbolo de la despedida. A partir de ahora me las iba a tener que ver con los clásicos, las "cara estaca", las clarisas, las rescatadoras... Definitivamente España es un lugar hostil para el pototeador.
Al día siguiente pude conocer a mi compañero de habitación. Se trataba de un húngaro que había trabajado en Sligo, pero ahora estaba en otra ciudad irlandesa. Había venido a ver a los colegas. Poco más dio de sí la ciudad. Cogí el autobús rumbo a Dublín. El viaje fue bastante largo, pero con estos paisajes no se hace pesado. Al llegar a la capital me llevé una sorpresa bastante desagradable. En la calle O'Connell (la arteria principal) se había producido un choque de un tranvía con un autobús. A pesar de la espectacularidad del accidente, parece ser que no hubo víctimas mortales, aunque sí bastantes heridos. La calle estaba cortada. lo cual me impidió coger al autobús urbano que lleva al aeropuerto. Me tuve que resignar a recurrir al "servicio express", que, a cambio de un trayecto más directo, quintuplica la tarifa. Sin más novedad, arrivé al aeropuerto y cogí el avión que me condujo de nuevo a tierra española, tras más de 5 meses de ausencia. Tenía ganas de volver a casa, pero me dio la impresión de que me había dejado cosas por hacer. No descarto nuevos exilios. Espero que en los siguientes me vengan las cosas más de cara.

viernes, 11 de diciembre de 2009

El negocio de la libertad


Si en mis crónicas viajeras me caracterizo por un cierto desfase temporal, no voy a ser menos en mi crónica literaria para comentar un libro que se publicó a principios de la década. Procuro no dejarme llevar por las modas. Para mí algo que tiene calidad, la tiene ahora y la tendrá siempre.
Los años 90 fueron una época apasionante para la política española. Y en ellos se centra el periodista Jesús Cacho para narrar una serie de hechos que marcaron la década. Y lo hace de una forma valiente, metiendo el dedo en el ojo a personajes prácticamente intocables. La obra comienza con la llegada de José Mª Aznar al poder tras su victoria sobre Felipe González en 1996. No es bueno para una democracia que un partido esté mucho tiempo en el poder. El sistema se anquilosa, y se generan unas inercias muy negativas. Se arrima mucha gente al poder, a la que no interesa que la cosa cambie. En España se sumó además una aguda crisis económica trufada de un sinfín de casos de corrupción. Por ello, la victoria de Aznar fue recibida por mucha gente con esperanzas de regeneración democrática. El presidente popular se quedó a medio camino. Cambió algunas cosas e hizo una gestión económica destacable, pero no llegó como dice Cacho a "levantar las alfombras del Estado". En algunos casos lo intentó, pero se enfrentaba a fuerzas muy poderosas. Sin duda su mayor enemigo fue el editor Jesús de Polanco, que no iba a vender precisamente barata la derrota del partido al que apoya editorialmente. El dueño de Prisa ostentaba un poder inmenso. No sólo porque contaba con los altavoces mediáticos del diarío El País y la Cadena SER (líderes en tirada y audiencia), sino porque tenía relaciones de privilegio con políticos, empresarios, el Rey y otros muchos personajes que hacían que el cántabro estuviera casi mas allá del bien o del mal.
Con Polanco y sus maniobras como hilo conductor, se van narrando temas como la no desclasificación de los papeles del Cesid, las luchas por el control de las televisiones por cable, el juicio a Polanco que acabó con el juez Gómez de Liaño juzgado por prevaricación, la defenestración de Borrel pese a haber ganado las primarias de su partido, los amigos poco recomendables del rey Juan Carlos o el controvertido video sexual de Pedro J. Ramírez. El relato se hace muy ameno, siendo Cacho muy hábil en el uso de "flash-backs" que mantienen en todo momento el interés.
En muchos casos el libro es parecido a una novela, lo que lo hace más entretenido, a costa de perder algo de credibilidad. Porque por muy buenas que sean las fuentes (en este caso, si todo lo que se cuenta es cierto, son soberbias) uno se pregunta cómo ha podido reproducir una conversación de forma literal entre, por ejemplo, Felipe González y el Rey.
Son más de 600 páginas que devoré casi sin darme cuenta. Un soplo de aire fresco entre tanto positivismo y tiranía de lo políticamente correcto. Poco recomendable para aquellos que crean y quieran seguir creyendo que somos los "reyes del mambo" y tenemos una democracia avanzada.
Normalmente si a un profesional se le ha despedido de varias empresas, suele ser síntoma de poca profesionalidad. En el caso de un periodista puede ser eso, o que no se ha plegado a los intereses editoriales manteniendo su independencia. Jesús Cacho no se ha caracterizado por ser un perrito faldero del jefe que le pagaba.
Algunas ocasiones le ha costado caro, pero se ha ganado el respeto que no se merecen otros muchos de su gremio.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Donegal



Siguiendo con la crónica que había dejado en Derry, a eso de las dos de la tarde me monté en el autobús rumbo al norte de la República de Irlanda. Los paisajes no cambiaban mucho a ambos lados de la frontera. Lo de las dos Irlandas, me recuerda un poco a las dos Alemanias, o las dos Coreas. Es decir, un disparate. Aunque el estar tantos años separadas ha hecho que ciertamente se note un ambiente distinto entre las dos zonas, que, sin embargo, guardan partes en común. A mitad de camino, el autobús se detuvo en Letterkenny, capital del condado de Donegal. No parecía gran cosa. En general, las ciudades irlandesas no son, a diferencia de sus paisajes, muy agraciadas. La llegada a Donegal no me hizo cambiar de opinión. Se trata de una localidad de pequeño tamaño, con una plaza principal y unas cuantas calles que salen de ella. Mi hostel estaba a unos dos kilómetros del centro, de los que uno y medio eran ya fuera de la localidad. Me costó bastante llegar con mi maletón atravesando rotondas y arcenes. La acogida fue de lo más cordial. Una mujer de mediana edad me hizo sentir casi como en casa. La habitación individual salía a precio de risa, así que no pude evitar cogerla. Al igual que en Perth, gané en comodidad, pero limité mis posibilidades de conocer gente. A pesar de que la dueña me dijo que no tenían internet, enchufé mi portátil en mi cuarto por si acaso. Sonó la flauta, lo que me permitió comprobar que España se había complicado la vida en el Eurobasket perdiendo ante Turquía. Todo mi calendario giraba en torno a este acontecimiento. Temía llegar a España con nuestra selección eliminada. Afortunadamente reaccionaron a tiempo.
Volví a inspeccionar el pueblo. Aparte de la plaza principal y un castillo, no había mucho que ver. Tenía que aprovisionarme, así que fui a un hipermercado de las afueras. Allí me pude dar cuenta de dos cosas: a)Irlanda es un país caro. b)Con la libra tan baja, a los que venimos del Reino Unido, aún nos parece más caro. Acostumbrado a los precios del Co-Operative o del Tesco, las mercancías me parecían auténticos atracos. Claro que los sueldos tampoco son los mismos. Compré la cena y volví al hostel a prepararla. En el camino pude ver un cartel que indicaba la presencia de un lago a unos 6 km. Postergué la cena, me calcé mis "bambas" y salí del hostel en pos del "Loch". La ruta discurría por una carretera poco transitada, pero sin arcen. Si a eso le sumamos que estaba en pleno ocaso y que no quiero morir joven, decidí volver. La cena fue un poco triste. La inmensa cocina del hostel estaba vacía, y tuve que hacer la pizza en un microondas. Sin perder la fe, volví al centro. Era lunes y no esperaba gran cosa. Pero no podía irme a dormir así. Había dos o tres pubs abiertos, uno de ellos con música en vivo. Ya que el pototeo iba a brillar por su ausencia, me consolé escuchando auténtica música irlandesa. Y como me gusta. Con gente que se coloca alrededor de una mesa repleta de pintas, sacan los instrumentos y a tocar. Por cierto, uno de los componentes llamaba mucho la atención con su peinado estilo Robert de Niro en "Taxi Driver". Me pedí una pinta, me senté en un sillón y me tomé un merecido descanso arrullado por las plácidas melodías locales. A eso de la una cerraban el bar. No había nada más abierto así que tocaba retirada. En el hostel pude hablar con un grupo de españoles que habían vuelto decepcionados del centro. Ni siquiera pudieron entrar al pub con música, que estaba cerrando cuando fueron. Decididamente Donegal no es un destino para la juerga y el desenfreno. Al día siguiente me pude sacar la espina e ir corriendo de buena mañana al lago cercano. Sólo pude estar 5 minutos a su orilla, pero la ligera neblina que lo rodeaba y la tranquilidad que se respiraba, sumados a la belleza del paisaje, hicieron que valiera la pena el esfuerzo. Volví al hostel para desalojarlo. El día anterior le propuse a la dueña pagarle en libras, ya que me habían quedado muchas monedas sin cambiar, lo cual aceptó sin problemas. No puso tan buena cara su marido al comentárselo al día siguiente, pero aceptó. Además se ofreció para llevarme en su furgoneta al centro. Gran detalle que fue mal correspondido por mi parte. Unos minutos después me di cuenta de que me había olvidado de devolverle la llave.Y no era la primera vez que me sucedía. Cuando dejé mi hotel en Skye, me di cuenta 5 minutos después de despedirme. Gran sprint mediante volví a devolverla con escaso margen para coger el autobús. La segunda vez fue la llave del hostel de Beltfast. Me di cuenta al día siguiente cuando no había manera de abrir la puerta de mi cuarto en Derry. Llamé al hostel y se la envié por correo. Y en este último lapsus, llamé al dueño y me dijo que la dejara en un hotel del centro. Material hay aquí para freudianos, porque tres olvidos son algo más que una casualidad. Sin más novedad cogí el autobús rumbo a Sligo, última escala en mi periplo. Esperaba encontrar algo más de vidilla que en Donegal.

lunes, 23 de noviembre de 2009

II Torneo de Touch Rugby "Cassoulet"



Hace unos meses publiqué una entrada en la que hablaba de la creacción en Huesca de un club de una modalidad de rugby llamada "touch". Poco a poco hemos ido creciendo hasta el punto de ser invitados a un torneo internacional celebrado en Toulouse. Yo había estado unos meses desconectado, y ando un poco perdido, pero me apetecía vivir esta experiencia.
El viernes por la mañana, con un "ligero retraso" hicimos de avanzadilla para preparar el terreno en Toulouse. El largo viaje fue amenizado por las anécdotas que el capitán del equipo fue desgranando con su particular sentido del humor y su gracejo extremeño. A pesar de no llevar GPS pudimos llegar al hotel, no sin haber tenido algunos titubeos. A pesar de eso, yo prefiero ir con el plano. La sensación de aventura es mayor, aunque se pase algún momento de apuro. Nuestro hotel era un "Etap". De la misma familia que los "Formule 1", aunque con un punto más de confort. No me gustan mucho estos hoteles, todos tan igualitos y funcionales, sin alma. Aunque hay que reconocer que son muy prácticos y económicos. Lo más destacado de los alrdedores del hotel era la "Ciudad del Espacio", un espacio temático en el que destacaba la imponente presencia del cohete francés Arianne. Nos vino muy bien como referencia para guiarnos hacia el hotel en muchos casos. Una vez unificada la expedición fuimos a cenar a una pizzería cercana. La comida era correcta, con raciones generosas. Un poco cara la comida, pero la verdadera clavada nos la metieron en la bebida. Medio litro de cerveza, 7 euros. Parece ser que en Francia ser un borracho sale caro, y no sólo por la cirrosis.
La situación periférica del hotel y la necesidad de guardar fuerzas para el día siguiente hicieron que nos retiráramos pronto a dormir.
El sábado era el día del torneo. Como empezaba a las 12 aprovechamos la mañana para dar un voltio por Toulouse. Se veía una ciudad bastante animada. No pudimos ver gran cosa, pero tenía buena pinta. La visita más esperada por muchos miembros de la expedición fue la tienda del "Stade Toulousain", equipo local de rugby, uno de los mejores de Europa.Los precios, nada populares, echaron a más de uno hacia atrás, aunque alguno se llevó algún balón conmemorativo. Después nos dirigimos, por fin al estadio. Allí nos recibió la organización y se hizo una demostración para que quedaran claras las reglas a todos los equipos. En los prolegómenos mi presencia se hizo necesaria como intérprete, ya que era el único jugador de nuestro equipo que hablaba francés. Me gustó poder practicar esa lengua, un poco oxidada tras mi paso por Escocia. Nuestro debut fue contra el equipo de Nantes. En un partido poco vistoso, pero muy emocionante logramos imponernos por 1 a 0. Nuestro principal objetivo, que era ganar algún partido se consiguio a las primeras de cambio. Y además ante, nada menos que el equipo de Nantes. La alegría y la euforia se apoderaron del grupo. El siguiente partido se encargó de devolvernos a la realidad. El Saint Marcellin tenía menos nombre que el Nantes. Además sus comonentes eran bastante veteranos. Pero se notaba que sabían jugar. Y así lo hicieron, ganándonos por 5 a 2. El siguiente partido fue contra Pau. Se trataba de un equipo con mucho oficio, con el culo pelado de jugar durante muchos años. Hicieron uso de numerosas triquiñuelas y marrullerías para llevarse el gato al agua. Lejos de amilanarnos,esto hizo que el equipo sacara lo mejor de sí mismo, luchando hasta la extenuación. Llegamos a adelantarnos por 2 a 1, aunque nos remontaron para vencer por 3 a 2. En los dos siguientes partidos pagamos el esfuerzo perdiendo contra Toulouse y La Rochelle. A continuación jugamos el cruce contra los sextos del otro grupo, un equipo de Barcelona, con el que conseguimos empatar a 3 y quedar tan amigos. A la salida, mientras tomábamos unas cervezas junto al estadio, se nos acercó un argelino empleado del estadio para hablar. No sé dónde se habrá informado, porque nos dijo que España iba a ser en 10 ó 15 años la cabeza de Europa. También pudimos recordar el mundial España '82, en el que tan buen papel hizo su selección. Volvimos al hotel, nos adecentamos y nos encaminamos a la fiesta que preparó la organización. No estaba muy lejos el Etap, así que fuimos andando por las desoladas calles que caracterizan los suburbios franceses. En un local perteneciente al equipo de rugby se celebrabra una cena amenizada con música y regada con buen vino de mesa francés. Unos patés de aperitivo dieron paso a la estrella gastronómica de la zona: el cassoulet. Se trata de un plato a base de alubias, salchichas y pato. Lo trajeron en unas enormes cazuelas horneadas. No sé si porque estábamos muertos de hambre después de haber jugado 6 partidos o porque el plato era delicioso, pero no dejamos ni rastro. En la fiesta coincidimos con varios equipos a los que nos habíamos enfrentado. El ambiente, como suele ser habitual en los "terceros tiempos" fue de lo más cordial. También sirvió para unir lazos dentro de nuestro propio equipo. A eso de la una se dio por finiquitada la fiesta. Unos cuantos se fueron directamente al hotel. A otros nos motivó la idea de continuar la noche en una discoteca, y un tercer grupo se ofreció a guiarnos hasta la puerta. Con ayuda de un GPS llegamos a la calle donde se suponía que estaba la "boite". Eso sí, el artilugio nos hizo dar una vuelta impresionante por calles desiertas, colmenas, y zonas tugurientas y solitarias. La discoteca no se divisaba, y como ya veíamos el Arianne en lontananza decidimos volver al hotel.
La mañana siguiente la consagramos a conocer un poco más la ciudad. A pesar de ser domingo, estaba llena de gente. Había un gran número de mercados, unos callejeros y otros cerrados, donde se podían adquirir un gran número de exquisiteces culinarias como quesos, marisco, vinos. Otros eran más humildes y ofrecían frutas, verduras o ropas. Pero todos ellos daban un aire especial a la ciudad, más humano y entrañable que el que nos brindan los modernos centros comerciales. Aún nos quedaron algunos rincones de Toulouse por visitar. Espero que podamos recorrerlos en año que viene en el próximo torneo Cassoulet. A todos nos gustó la experiencia, y sería buena señal que volviéramos el año que viene. Esto ya no hay quien lo pare.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Derry / Londonderry



Había dejado mi crónica del viaje de regreso un poco olvidada. Espero que las musas me acompañen hasta que la concluya. Me había quedado en Belfast,tras una noche de grandes expectativas y escasos resultados. La mañana siguiente di un paseo de despedida visitando un jardín botánico cercano. Como era domingo, los invernaderos estaban cerrados. No me parece una medida muy lógica, pero si algo ha brillado por su ausencia estos 5 meses, es precisamente la lógica. Cogí un autobús que me conduciría a mi siguiente destino: Derry. O Londonderry, como les gusta llamarlo a los unionistas. A mí tanto me da, pero desde ahora diré Derry, más que nada por ahorrar un poco.
Tras poco más de una hora y media de trayecto por verdes y ondulados paisajes llegué a Derry. Tras la clásica visita la oficina de turismo me encaminé al hostel de turno. Cuando llegué me encontré con la puerta cerrada. Llamé al timbre, pero nadie acudió. En la puerta, había un cartel con un teléfono para llamar en caso de que no hubiera nadie. Así lo hice, pero pude comprobar que ese teléfono era el que estaba dentro del hostel. Como se suele decir por aquí:"Hacer un pan con unas tortas". Si no hay nadie en el hostel para abrirte tampoco habrá nadie para coger el teléfono. En fin... Así que cargando con el maletón, me fui a comer para hacer hora. Recordaba haber puesto en casilla de hora aproximada de llegada, las 15. Claro que la reserva estaba hecha 3 semanas antes y uno no es tan cuadriculado como para conocer estos detalles de antemano con tanta precisión. Me fui a comer para hacer hora. Una enorme hamburguesa vegetal regada con cerveza hicieron más agradable la espera. Volví al hostel a eso de las 3 y, entonces sí, me abrieron las dueñas del hostel. Mi hogar por un día estaba impregnado de aire revolucionario y pro irlandés. Aunque realmente yo lo elegí porque salía barato.Mi habitación tenía 4 camas, aunque sólo estaba ocupada una, aparte de la mía. Mi compañero era Kevin, un estadounidense muy majete, profesor universitario pese a su juventud. Dejé los bultos y salí a conocer la ciudad. Mi referencia era, al igual que en Belfast, el problema político-religioso, muy bien reflejado en la película "Bloody Sunday", ya comentada en este blog.
La situación llegó a estar tan tensa que, incluso los católicos se encerraron en un barrio, al que no tenía acceso la policía, y que denominaron "Free Derry". Antes de recorrer estos escenarios pude comprobar que el centro de la ciudad tenía bastante encanto, y una historia de varios siglos, aunque siempre marcada por el conflicto entre las dos comunidades. Pero era hora de "bajar al barro". Lo primero que atrajo mi atención era la pared en la que se había conservado el mensaje "you are now entering Free Derry", situado a la entrada de lo que fue durante un tiempo una auténtica "ciudad sin ley". O por lo menos sin la ley británica. No faltaban los murales, lo que me hacía sentir en una especie de Belfast en pequeño. Me costó bastante encontrar el barrio unionista, que era, además muy pequeño. Luego me enteré de que la mayoría de protestantes se habían mudado al otro lado del río. Por tanto, los que quedaban aquí debían ser los más bravos. Aunque muy interesante, la visita por estos barrios me cargó bastante. Nada mejor que un paseo a orillas del río para relajarme.
Volví al hostel y allí me encontré con varios personajes curiosos. Una francés, ya en sus cuarenta y muchos años que vino con una guitarra. Era músico y venía a empaparse de los ritmos celtas. A pesar de mi insistencia y mi intento de soborno (le ofrecí una hamburguesa de pavo) no conseguí que nos hiciera una demostración musical. Andaban por allí una pareja de vascos. Parece ser que muchos vienen atraídos por el ambiente nacionalista que se respira. También conocí a una chica neozelandesa mientras me hacía la cena. Le ofrecí la otra hamburguesa de pavo que me sobraba y charlamos un rato. Alguna vez he comprobado que muchas mujeres, normalmente sin venir a cuento, mentan a su novio a los pocos minutos de conversación como para evitar ser objeto de ataques. En este caso, mi nueva amiga no mencionó al novio sino a la novia. La tenía durmiendo en el mismo hostel. La propuse ir a echar una cerveza y aceptó. Fuimos a un pub lleno de banderas irlandesas, celtas, vascas, bretonas,etc. No quedaba duda de qué bando estaban. La conversación con la neozelandesa fue de lo más interesante. El hecho de que fuera sáfica y además con pareja alivió la presión que todo hombre tiene cuando está a solas con una mujer para conseguir conquistarla. Eso hizo que pudieramos hablar con más libertad, tocando temas muy profundos, poco habituales incluso con gente que conozco hace años. Cuando estaban cerrando el segundo pub que visitamos, nos encontramos con mi compañero de cuarto acompañado de una chica israelí, que también pernoctaba en el hostel. Volvimos los 4 al mismo, donde aún nos quedamos hablando un rato antes de acudir a nuestros aposentos.
La mañana siguiente habíamos planeado una excursión al otro lado del río con Kevin y la israelí. No dio para mucho, ya que carecía totalmente de atractivo. Y eso que yo soy capaz de dar un paseo por Nou Barris y tener el síndrome de Stendhal. Me despedí de ellos y fui a la estación a coger el autobús con el que abandonaría el Reino Unido tras 5 meses viviendo en sus verdes campos. Derry resultó ser una ciudad muy interesante. En su pequeño tamaño se concentraba una densa historia que le otorga un carácter especial. Y si a todo eso le añadimos la gente que pude conocer allí, el resultado es una experiencia inolvidable.

domingo, 25 de octubre de 2009

I Media Maratón Ciudad de Huesca

Tras muchos años obligado a hacer largos desplazamientos para correr medias maratones en localidades como Vitoria, Barcelona o Portree, por fin he podido correr una en Huesca. Era un clamor popular en la ciudad, que se ha visto reflejado en el alto número de inscritos (más de 400). La siempre polémica medida de cambiar la hora ha jugado hoy en nuestro favor, permitiéndonos una hora más de sueño. El recorrido constaba de tres vueltas a un circuito bastante céntrico. No soy partidario de dar varias vueltas. Se hace mucho más ameno dar una sola, pero Huesca tampoco da para muchas filigranas, y es preferible hacer ésto que mandar la prueba a insulsos y aburridos polígonos industriales.
En la salida se produjo la esperada estampida. Se notaba a la gente muy motivada por correr en casa. Yo ya soy perro viejo y procuré no dejarme llevar. La primera vuelta no forcé mucho, aunque tampoco me quise dormir, con un ritmo aproximado de 4'35''/km. El circuito no era totalmente llano, aunque las subidas y bajadas eran bastante suaves. El momento cumbre era el paso por las Cuatro Esquinas, donde se concentraba un entusiasta y numeroso público. En la segunda vuelta pasé una pequeña crisis. Las piernas empezaron a flojear ligeramente, y me veía "pidiendo la hora". Bajé ligeramente el ritmo, lo que me permitió recuperame. En la tercera y última vuelta volví por mis fueros, e incluso pude lanzarme a tumba abierta en los dos últimos kilómetros para acabar como me gusta acabar las medias maratones:a tope y "recogiendo cadáveres". Al final, un crono de 1h 37'05''. Está bastante bien para mi nivel, aunque no puede batir plusmarca personal. No creo que ayudara mucho jugar un partido de baloncesto completo la tarde anterior (sólo estábamos 5) y salir de marcha hasta las 4 y pico de la mañana. Pero como el atletismo no me da de comer (todavía), no pienso renunciar a ese tipo de actividades, bastante incompatibles con el gran fondo. Tras el pequeño fiasco de la bolsa del corredor de los Oroses, estaba expectante ante el comportamiento de la organización en este sentido. y la verdad es que se ha portado muy bien. Una bolsa para llevar zapatillas que albergaba en su interior una botella de vino, un DVD, unas gafas de sol, una bebida isotónica y unas grageas de chocolate. Una camiseta hubiera sido el broche de oro a semejante derroche. Pero mi armario repleto de zamarras técnicas no echará de menos una más.
En general, la experiencia ha sido muy positiva. Hasta el tiempo ha acompañado, con una temperatura bastante agradable. El alto número de participantes, la más que correcta organización y el amplio seguimiento popular auguran un gran futuro a esta media maratón.